lunes, 20 de diciembre de 2010

Capítulo 4: Los zapatos hacen a la persona...a veces.

Uuf, siento haber tardado taaanto, es una larguisima historia que incluye perderse en un lugar tipo "Lost" donde no tenia ni señal de celular, osea eso es igual a = no poder hacer nada. Creo que si me hubiese quedado un rato más me habría vuelto una salvaje y ahora estaría en tapa rabos corriendo por alguna parte del bosque adorando a mi Dios Ardilla jaja. Por suerte ahora puedo escribir :) y aqui les dejo el capitulo 4, aleluya jajaja.
Lo malo (haciendo un parentesis) es que creo que volvere asi que si no me paso por sus blog y no comento sus entradas, Don't Worry jaja no las abandono, solo que NO HAY INTERNET! hasta a mi me desespera :/ Ahora si jaja el cuarto capitulo :)

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Me senté en el suelo, tomando por la punta mi zapato de ballet y elongando mi pierna. No sabía que era lo que me estaba pasando, en absoluto y creía que era por los últimos eventos presentados en mi vida; si antes estaba confundida ahora esta perdida. No estaba tratando bien a mi entorno, pero por primera vez no me interesaba; se preocupaban por mi actitud, por mi sequedad pero no quería que les interesara y tenía el bago pensamiento que no se deberían meter en mi vida.
El sol entraba por la pequeña ventanilla de la esquina y por haberme quedado tanto rato sentada en el mismo lugar me había empezado a quemar la espalda, haciendo que me sonrojara... pero inusualmente no me interesaba.
Clank.
Ese era el sonido de la oxidada puerta abriéndose de manera estrepitosa. Deberían arreglarla. Me incorporé para echar un vistazo, pero al parecer ya tenía una idea figurada de quien podía ser.
-Bien, últimamente estás algo retraída.-Dijo Will, secamente mientras arrojaba el bolso al otro lado de el salón. Al parecer, no era la única con problemas con el humor.- Y que me hayas abandonado el domingo no fue algo agradable , ¿tienes una idea de cuanto te esperé?
Lo miré de reojo y puse los ojos en blanco de manera arrogante, volviendo a pararme en puntas y practicante las posiciones de los pies para calentar los músculos. Era obvio que no quería una respuesta.
-Lo siento Will...es solo que...estoy bajo presión.-Dije entre suspiros mientras movía los brazos sin dejar de practicar. El colegio... el baile....y otra clase de cosas que no quería recordar rondaban por mi cabeza.
Soltó un suspiro de frustración y se acercó a mí, apoyándose en la barra frente a mí. Estaba algo ceñudo pero aún así tenía un aire de interés en mí.
-Ok, te preguntaré. ¿Qué es lo que te pasa?
Esbocé una media sonrisa que se vio algo triste y le respondí.
-El colegio, las Universidades y personas importantes que no quiero conocer. El único momento en que podemos demostrar de que de algo servimos.
Ladeó la cabeza con confusión.
-¿Y cuál es el problema exactamente?
Al parecer, los hombres eran mucho más lentos de lo que pensaba.
-Bueno Will, mi padre es salido de una de las mejores universidades del país y el quiere que estudie y siga con él negocio familiar.
Recordaba que este era el momento en el cuál todos hablaban, el que muchos esperaban para demostrar quienes eran, o solo decir su apellido para quedar aceptados. No quería, claro que no, pero de muchas manera era mi obligación; no quería que a mi papá le diese un infarto por mi culpa.
-Creo que te entendí...¿no quieres hacerlo pero tu viejo espera que lo hagas?
Estuve a punto de soltar "vaya, que rápido eres" pero preferí quedarme callada.
-Exacto.
-Que bueno que no soy tú.
Me encogí de hombros y bajé lentamente cuidando no lastimarme el tobillo.
-Bueno, no se eligen a los padres.
-A mis padres no les interesa donde vaya, sino que sea feliz. Si para tu familia la tradición es ir a la universidad, para la mía es no ir.-Dijo sonriendo mientras me tomaba de la cintura de manera amistosa y me llevaba al centro.
-¿Tus padres no querrán adoptar a una niña de 17 años?.-Bromeé mientras me soltaba y me apoyaba en sus hombros para tomar equilibrio.
Él se rió de mi chiste y figuró una media sonrisa de diversión en su rostro.
-No lo creo, somos 5 hermanos, pero si se interesan en tener una hija serás la primera en la lista. ¿Y que hay de El Lago de los Cisnes? es un clásico, y es bueno que nos consideren parte de la compañía para mostrarlo.
Moví el cuello que me sonó frente al movimiento. No sabía para quién presentarme, y de todas maneras, habían bailarinas mayores y con más experiencia para presentarlo. De cualquier manera, me iba a presentar para el Cisne Blanco, la reina cisne.
-No lo sé, creo que el Cisne Blanco. De todas maneras, si me dejan en el Cisne Negro, bailaré contigo.
-Ya tienes asumido que seré el príncipe.
-Claro, porque lo serás, estoy segura.
Will no era la clase de consejero que toda chica buscaba, sus consejos en verdad eran malisimos pero al menos sabía como hacerme sentir mejor. Siempre lo hacía.
Me sonrió dándome ánimos, con "Tu puedes" tatuado en su cara. Me recordaba cuando tenía 13 años y me había dado miedo presentarme; él fue el único que prácticamente me arrojo a el escenario ( el tenía 15 y me tomó en sus hombros y me llevó al lado del telón donde no tenía por donde escapar) así que para él la palabra "no puedo" no existía.
-¿Y bien, vamos a practicar o qué? Los papeles no se presentar por arte de magia... a menos que seas prima de Harry Potter, lo que creo poco probable.-Esa película. Solo yo sabía que le gustaba esa película, aunque jamás había leído un libro de Harry... con suerte sabía leer los anuncios de tv, así que no había mucho que discutir.
No dije nada y solo asentí para quedarme con mis irónicos pensamientos escondidos en el fondo de mi ser. Le tomé su pesada mano para comenzar a bailar y por un momento olvidé que él era Will... parecía el baile, lo podía imaginar perfectamente. Era el pequeño y frágil cisne que pierde a su amor, y sin nada más por qué vivir, se suicidó. Era un ballet, triste y eso era indiscutible, pero aún así era algo hermoso de ver.
Si no fuese un ballet, la gente se quedaría horrorizada.
***
¿A quién se le ocurre andar con zapatos altos por la acera?ah, esperen; a mí. Acababa de salir del estudio, vestida con un vestido de alta costura, por decirle así; cortesía de papá y unos zapatos negros que me envolvían el pie¿y todo para qué? Claro, para ir donde Antoniett. Necesitaba hablar con ella y no sobre el colegio; ya no era mi tema. El baile y la tarde con Will se habían encargado de desecharla.
Ya me encontraba prácticamente en "High Street" y no era porque hubiese un letrero ni nada por el estilo, sino porque las pequeñas casitas eras sustituidas por mansiones monumentales, llenas de altas cercas, los mejores autos y patios dignos de un rey.
Y ahí estaba, la cada de Antoniett, bueno, mansión, blanca y de al menos 3 pisos con más de 24 habitaciones, chefs profesionales y sirvientes. Sin mencionar su laberinto de patio y sus dos limusinas. Se podía decir que no vivía mal.
Solté un suspiro algo quejumbroso y me acerqué a la enorme cerca, tocando el timbre con cámara. Los pies me mataban cuando escuché el pitido de la cerca eléctrica abriéndose dándome paso.
No pregunté ni golpeé, en cuanto me abrieron entré sin previo aviso hasta llegar al interior. Prácticamente me había criado en esta "casa" y luego de tanto tiempo no encontraba necesario anunciar mi visita ya que era natural que estuviese aquí.
Comencé a subir la escalera de mango de oro en forma de espiral con el resonar de mis zapatos a cada escalón de mármol.
-¡Niet!.-Grité con la esperanza de que me escuchara desde el último piso.
-¿Ell?-Preguntó su vocecilla desde algún punto indefinido.-¿Eres tú?
-Quién más.-Respondí sin ánimo mientras recorría el último tramo que me quedaba.
Al final de la enorme escalera había una gran, pero gran puerta donde la morena cabeza de mi amiga se asomaba por un extremo. Sonrió mostrando sus blancos dientes e iluminando su dulce rostro.
-Debería darte una copia de las llaves.
Sonreí sin ánimos y entré con aire de cansancio a su habitación. Como era de esperarse, era una habitación enorme; con una cama monumental con un cobertor dorado y muchísimas almohadas. Numerosos cuadros adornaban las blancas paredes y múltiples muebles se encontraban esparcidos a lo largo.
-Vengo muerta. No me puedo los pies.-Suspiré mientras arrojaba el bolso a un lado y me recostaba sobre la blanda y mullida cama.
-¿No crees que es demasiado entrenamiento? Baile, escuela, amiga, hija... no puedes hacer todo.-Dijo mientras tomaba una silla exótica y se sentaba en ella.
Llevaba un vestido Versase rojo que había comprado cuando fue a París, corto y de color beige. Ella si que era aficionada a todo lo que era moda y "tomaba prestado" todas las cosas que yo no usaba, como los zapatos Chanel negros que llevaba ahora.
-Lo sé... es que tengo que conseguir el papel, y conseguir la estúpida entrevista y entrar a la universidad...¡No puedo!.-Exclamé frustrada poniendo una almohada sobre mi cara y gritando para relajarme.
Su rostro se puso serio y me miró de una manera singular, entre lástima y preocupación pasando por sus delicadas facciones.
-Tú y yo sabemos que no te interesa la entrevista. Debes elegir, no puedes hacer todo.-Dijo con voz calmada.
Me senté y comencé a juguetear con mi rubio cabello que caía sobre mi cara; pensando evidentemente. Si lo hacía; mi padre jamás me perdonaría ya que el apellido Rosbtrob lo era todo para él.
Miré nerviosa hacía un mueblecillo, ¿pero realmente prefería ser infeliz el resto de mi vida o ser feliz aunque mi padre me odiase? Y si realmente me "amaba" en algún momento lo aceptaría.
Ya sabía que hacer, o tenía una idea.
Por alguna razón la presión que sentía ya no estaba; el nudo en mi garganta había desaparecido y las mariposas de mi estómago estaban extintas.
-Antoniett, eres fabulosa.
Ella ladeó la cabeza entretenida y sonrió con felicidad.
-Lo sé.-Bromeó ella mientras me propinaba un golpecito en el brazo.-Me gusta ser de ayuda.
Mi mirada se endureció y caí de lleno en otra absurda realidad. Recordé a Chris, y lo que me dijo aquel día "si te aburres de tus amigos ricos llámame" lo que para mí era más un: no te llamaré porque eres un chico vulgar y no quiero malas influencias en mi vida. Y sabía que él no me llamaría,
Sentía que algo me quemaba la conciencia, me ardía y gritaba con urgencia que lo hiciera. Qué buscara el celular y marcara el número y eso sería todo, pero no quería; o si quería pero definitivamente no podía. Había algo en él que enserio no me agradaba.
-Si no me equivoco, y jamás lo hago; estás pensando en algo.-Dijo interrumpiendo mis pensamientos.
Pestañee varias veces y balbuceé algo sin coherencia para luego decir "no, nada" . La conocía y diría que no me acercara, que era un chico muy tóxico y peligroso. Pero creo que también era por eso por lo que me agradaba.
Hablamos de muchas cosas mientras el tiempo corría sin que nos diéramos cuenta. Y pude detenerlo; el colegio no importaba, ni los chicos: nada. Estaba en mi mundo privado, un mundo en donde nosotras dos teníamos acceso y nadie más.
Antoniett se había incorporado y al mirar por la ventana había murmurado algo.
-Hay una limusina afuera; y no es mía. Es tu padre.
¿Mi padre?¿desde cuando?¿era eso posible? Desde el jardín de niños que no me buscaba y ahora estaba ahí, parado esperándome.
Me levanté de un salto con el corazón en la garganta . Era él, ahí afuera. Intercambié una larga mirada con Antoniett y ella comenzó a empujarme para que saliera a verlo.
Me llevó todo el camino de vuelta hasta la salida, donde estaba esperando. Su ya viejo rostro parecía cansado pero estaba aún vestido de traje de negocios e increíblemente sin su celular.
Cuando nos vio salir, saludó a Antoniett con la mano y me hizo una seña para que fuese haya. Me despedí de de ella, con las manos sudando y con su débil " buena suerte" resonando en mi cabeza.
La limusina era cómoda, con un gran espacio interior y con acolchonados asientos de cuero negro. Pero el lujo no me impactaba en absoluto; era mi papá que estaba sentado con una gran sonrisa.
Este sí que era él fin del mundo.
-¿Y esta sorpresa?-Pregunté sentándome más cerca de él. Por primera vez en mucho tiempo me sentía bien, sentía como si al menos mi papá fuese normal en algún sentido; en resumen me sentía querida por él.- Pensé que estabas en Francia o en algún lugar muy lejos de aquí.
-Lo estaba.-Su voz parecía ta profunda que no la había reconocido. Indicio de que hablábamos demasiado poco..Pero vine para traerte un regalito especial.
Genial. Esperaba algo como: quería verte, hija y no algo material que obviamente no quería ni necesitaba en absoluto.
-Muero de ganas.-Repuse con ironía, rompiendo toda ilusión que tenía en frente a su cambio y borrando toda sonrisa de mi rostro que fuese verdadera. Con el tiempo había aprendido a no ilusionarme demasiado. Al parecer no había notado mi ironía y solo saco una gran bolsa negra con cierre que contenía un hermoso vestido blanco y unos zapatos Chanel negros que por como se veían debían haber sido carisimos.- Muchas gracias, ha sido un regalo estupendo.-Mentí mientras lo abrazaba sin ganas.
-Para tú entrevista. Debes verte bien para que te tomen enserio.
Puse los ojos en blanco. No me interesaba la entrevista; solo debía poner una cara seductora y decir : Hey... soy Ellen Robstrov. Y quedaría; todo estaría resuelto.
Guardé silencio y me tragué mis palabras. Una vocecilla dentro de mi gritaba que se lo dijera, que no pensaba ir a esa entrevista, ¿pero como ver su cara enrojecida por la ira?. No creía poder así que sonreiría, me presentaría y simularía ser feliz por el resto de mi existencia.
-Dentro de un tiempo tengo una presentación.-Dije cortando el incómodo silencio mientras me deslizaba a la puerta para apoyarme y ver por la ventana.
-¿De qué?-Preguntó sin darle importancia.
"¿De Qué?" ¿Qué era lo que pagaba desde los últimos 14 años? No pude evitar que la ira terminara de corroer mis venas pero solo me mordí el labio de manera dolorosa. Podía ser mala; quería ser mala.
-Ballet. Me gustaría que estuvieses ahí.
Me dí cuenta de su mirada en mis hombros y sin ser adivina sabía que diría; no le interesaba. Si el ballet no incluía nada de negocios o corporativo no era para él.
-No lo sé. Lo más probable es que no pueda ir.-Me volteé a mirarlo. Su rostro expresaba culpa, pero sus ojos... no eran nada. Era verdad que no podía pero no lo lamentaba.
-Ah, no importa.- Intenté decir de manera normal, pero inevitablemente sonó brusco y seco.
No quería llorar; había aprendido a no hacerlo. Sonreí de manera irónica. Me volteé para mirarle el rostro con ira; una ira asesina pero disfrazada en una sonrisa. No podía creer que fuese tan insensible; él no era un humano... era un monstruo empresario.
No quería ver más su feliz rostro que tanto me irritaba así que me acerqué a la puerta de la limusina y me apoyé nuevamente en el marco de la ventana para mirar a las personas. No las conocía pero parecían felices, caminando por las calles con sus bamboleantes sonrisas. No me molestaban en absoluto; solo los envidiaba.
En cuanto llegamos me lancé prácticamente de la limusina, aún con los nervios encrispados, para corres escaleras arribas y cerrar la puerta de portazo. No quería hablar con aquel ser que se hacía llamar "papá".
Mi habitación estaba perfectamente ordenada y para mi suerte, el celular estaba arriba de el mueble blanco francés, al lado de múltiples perfumes completamente llenos. Cuando estaba enojada, hacía cosas que no haría usualmente en momentos de lógica.
Pero ahí estaba, tomando aquel celular y marcando el número que no quería marcar.
El recuerdo de ese domingo en la noche aún seguía vívido en mi mente. Yo ya sabía quien era él, solo se había ido de casa y estuvo metido en varios asuntos que no quería recordar, no muy graves pero si degradantes. Pero lo entendí fue que... él hizo lo necesario para sobrevivir y un hombres que solo era auto suficiente no podía ser malo y, ¡Por favor! todos tenemos uno que otro desliz, no era nada.
-¿Si?.-Dijo una voz ronca y soñolienta ... aunque fuesen solo las siete de la tarde.
-Soy Ellen...-Murmuré con duda, caminando nerviosamente por mi habitación y mordisqueandome las uñas. No tenía ni idea de lo que hacía.
Creo que escuché una risa proveniente de el auricular, una risa ronca e inesperada.
-Bueno, pensé que no llamarías jamás y que no querías verme.
-Creo que he reconsiderado tu propuesta.-Dije intentando sonar madura y segura, todo lo contrario a mí.
-¿Así que has revisado tu apretada agenda?.-Bromeó pero a mi no me hizo gracia. Los chistes de mal gusto siempre me caían mal.
-Si te comportas así, no me interesa salir contigo.-Dije con voz seca y cortante pero él me interrumpió.
-Así soy yo, lo tomas o lo dejas. Si de todas maneras decides seguir con tu plan, espérame mañana en la plaza cerca de él centro comercial.
Abruptamente me quedé en blanco sin saber que decir. Su seca actitud de chico malo (pero no el típico adolescente que creía que por fumar y emborracharse lo era, sino por uno verdaderamente "malo") me hacía pensar estupideces, ¿como reaccionaría mi papá si supiese que conozco a un tipo como él? ¿como sería su cara? El solo echo de figurarlo me producía cosquillas en el estómago, unas muy perversas cosquillas de gusto.
***
Era extraño. Tenía la sensación de que todo el mundo decía "oh, esa chica saldrá con él" como si fuese una terrible blasfemia o hubiese hecho algo horrible. Mi corazón palpitaba con violencia, por nerviosismo y las manos me sudaban. Pero aún así, solo por estar sentada cerca de él me hacía sentir la mujer más afortunada del mundo.
No había podido adivinar que ponerme -siempre había sido mi gran problema- así que solo llevaba unos jeans claros y una polera muy simple. Sin maquillaje, sin nada. Pero las personas alegres no parecían notarlo, solo pasaban a mi lado sin notarme, sin saber quién era yo y probablemente jamás lo sabrían.
Un sol casi mortecino alumbraba los árboles y la limpia acera, amenazado por desaparecer detrás de las nubes. Arrugué la nariz. Debí haber traído un abrigo.
¿Y si no venía? No quería volver a llamarle y la idea de largarme era tentadora. Pero por primera vez había querido que viniera, cada persona que pasaba semejante a él le causaba un brinco a mi corazón dentro de mi pecho, quitándome el aliento y haciendo transpirar mis manos. No me sentía con lógica ahora.
Bien, esperaré 10 minutos y ya, si no aparece me voy” Me mentí. Sabía que era una mentira, una muy grande pero quería complacerme.
Me comenzaba a impacientar. Mis nervios ya no eran más que un enojo, mirando fulminante a cada persona que se asomaba ingenua por la esquina. Hasta que lo vi cruzado de brazos y sonriendo con unos lentes negros sobre la nariz apoyado en la puerta de un auto.
Lo miré molesta. Me levanté y caminé con paso medio seguro. No tenía idea de qué era lo que precisamente estaba haciendo pero ya estaba a unos pasos y era muy tarde para correr despavorida.
La fuerte brisa me revolvió el cabello arrojándomelo a la cara y arruinando lo que creía que fuese una entrada algo madura.
-Hola.-Dijo indiferente mientras ambos caminábamos hasta un punto. Llevaba un abrigo negro y tenía las manos escondidas en los bolsillos con indiferencia.
-Hola.-Mi voz sonaba extraña hasta para mi.
-Pensé que bromeabas y que solo me dejarías esperando.
-Y yo pensé lo mismo.-Murmuré lo suficientemente fuerte como para que él me pudiese escuchar. El molesto fuego subió a mis mejillas una vez más.
Siguió sonriendo. Hoy era algo distinto, parecía casi alegre pero con un toque frívolo siguiéndolo de todas maneras. Era un gran y perfecto desconocido.
No podía evitar que mi corazón saltara cada vez que veía sus ojos –por suerte hoy tapados por unos lentes- y me daba la molesta impresión que hasta las personas de un kilómetro a la redonda me podían escuchar.
-¿No tienes colegio?.-Preguntó alzando una ceja y torciendo el gesto.
Solté un gemido. El maldito colegio.
-¿Y tu no tienes universidad?.-Contraataque haciendo lo mismo que él.
Chris soltó una risa, divertida e irónica, pero aún así parecía triste o molesto. Sentía que era un libro que estaba escondido bajo llave en lo más profundo del océano.
-Tuche.- Bromeó soltando las manos y sentándose en la barandilla de cemento.-¿Y bien? ¿Qué fue lo que te hizo cambiar de opinión de no hablarme y ser una persona justa?-Exigió.
Solté un bufido y lo tomé de la muñeca para arrastrarlo a algún otro lugar.
-No tengo porque darte explicaciones. Pensé que te alegrarías o algo así.- Repliqué perdiendo ligeramente la paciencia. No creía que él fuese la persona que debiera saber todas mis acciones y movimientos.
-Bien. Pero es hacía el otro lado. Por haya está mi auto.-Dijo casi con dulzura.
Paré en seco. No sabía si ahora mismo estaba muerta de vergüenza o solo era que me estaba dando calor; lo dudaba.
Lo solté aflojando su estrujada muñeca y pasé mi bolso hacía atrás conservando la pisca de orgullo que me quedaba. Mi corazón había vuelto a caer en el descontrol total , como si cada latido que golpeaba mi pecho fuese un grito desesperado.
-¿No nos vamos a quedar acá?- Dije con voz apenas audible mirándolo a los ojos más nerviosa de lo que jamás había estado.
-Claro que no; no me agrada ser tan…público. No sé si me entiendes.
No, no lo entendía pero fingí que si lo hacía.
Inspiré profundo y lo seguí con paso tranquilo, como si fuese algo súper natural subirme al auto de un extraño sin saber donde íbamos con exactitud-y no era que lo fuese-.
Ahora parecía despreocupado, tarareando las canciones que sonaban en la antigua radio. Sin embargo; no parecía disfrutarlo en absoluto.
El viaje no estaba siendo algo exactamente divertido. Pasamos la mayor parte del tiempo hablando de la música en la radio; de el paisaje y de animales (curiosamente le gustaban los perros), conversaciones tan simples que las podría haber tenido con alguien al cruzar la calle. Ahora el fabuloso acto de rebeldía no era más que un día de campo.
De la contaminada cuidad pasamos a una antigua carretera, al parecer sin usarse hace ya demasiados años, decenas de años. A sus orillas se anidaban pequeños helechos s que se perdían en una inmensidad llena de troncos alzándose hasta casi tocar el cielo.
Aún dentro de el auto pude sentir frío, al ver mecer los pinos de un lado a otro con fuerza. El cielo ya no era de un celeste, ahora era gris con abundantes nubes y el sol simplemente era ya invisible.
-¿Dónde vamos?-Pregunté por enésima vez.
Él por su parte, tenía el codo apoyado en el marco de la ventanilla y manejaba con el brazo libre. Y de nuevo, parecía no escucharme en absoluto.
-¿Querías alejarte de tu mundo, no?-Musitó después de un largo silencio. No más música; solo una vacía estática.
Lo miré; su rostro aburrido y que había perdido todo ánimo y entusiasmo.
-¿Eres bipolar?-Solté sin pensarlo mientras jugueteaba con el llavero que colgaba de mi bolso.
Sentí su fría mirada sobre mi cuerpo y se la devolví. Pensé que diría algo como “bájate del auto ahora” pero súbitamente comenzó a reír, no una risa estridente, solo una baja pero audible risita.
-¡Vez, ahí está!.-Exclamé riendo también.-Hace solo unos instantes estabas serio.
-Claro que no.- Respondió aún sonriendo y riendo en voz baja de un chiste que desconocía.
Dibujó una media sonrisa en su rostro y enarcó una ceja para luego decir:
-¿Y tú? ¿Eres tan feliz como aparentas o vives en tu mentira?.- La frialdad de sus palabras me abrumaron por unos segundos.
Bajé la vista, pero le respondí tomándolo por el pelo.
-Solo soy una bailarina rusa que cruzó el mar a este hermoso país para trabajar en un cabaret y servir tragos todas las noches a apuestos marineros que acaban de llegar de la guerra.-Bromeé, pero por lo que yo pensé que se enojaría, solo se siguió riendo en voz baja, como si no le gustar la idea de que yo lo averiguara.
-Entonces yo soy el payaso de circo más buscado del país por robar algodón de azúcar a la mujer barbuda.-Siguió jugando y luego me miró.- Ahora es enserio.
Esconder una verdad al parecer era más difícil de lo que parecía, así que si él quería abrumarse de los problemas adolecentes. Bien por él.
-A ratos.-Dije lentamente mirando hacía los árboles que se volvían manchones verdes frente a mis ojos.-No es fácil ser la hija de mi padre; todos esperan cosas que creo que jamás cumpliré. Simplemente… no quiero nada de esto, no lo pedí y esta vida va a acabar matándome al fin y al cabo. ¿Y tu, eres feliz?
-Define felicidad.
Ladeé la cabeza y lo miré con fastidio.
-Puede ser. Soy más feliz de lo que era antes o algo así, no me interesa de cualquier manera…
-¿Entonces te hace feliz no saber donde estás parado y amanecer con una distinta cada día?-Interrumpí algo cortante. Tenía la ligera impresión que no era alguien con que se pudiera hablar tranquilamente o simplemente entablar una conversación sencilla.
-Si es que lo miras de ese punto, entonces si. Afortunadamente no me agobia la alta sociedad y no tengo un padre que me presiona constantemente.
Bingo. No podía hablar tranquilamente con él. Descomunalmente, teníamos el mismo carácter (aunque no me apeteciese decirlo) y sería una infinita lucha por-quién-tiene-la-razón. Al final, ninguno ganaría.
Apostaría a que pensaba en un partido de futbol o que haría en la noche, ignorándome por completo.
Mi boca, de nuevo se movió antes que mi cerebro.
-¡Oh por…!-Intenté exclamar, pero él me interrumpió en mitad de la frase.
-Pero si ese fuese mi caso, haría lo siguiente. No te diré “sigue a tu corazón” o alguna estupidez de esa clase.-Musitó sinceramente, manteniendo la vista en el camino.- Solo haz lo que crees correcto, según tu criterio. ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo solo por qué querías?.-Obviamente era una pregunta pero él no esperaba una respuesta.- Si quieres lanzarte por una colina en patines; bien hazlo. Sí quieres emborracharte y bailar sobre la barra del bar, ¿Qué esperas? Si no lo haces ahora, no lo harás jamás. Créeme. Y por favor no me veas cara de doctora corazón; soy malo para estas cosas.
Increíblemente había sido el mejor consejo que había recibido en el día y venía de la persona más inesperada. No parecía enfadado ni molesto por intentar ayudarme, de echo, aunque él no lo quisiese admitir, en sus ojos distinguía una fina línea de satisfacción. Al menos alguien más era feliz.
-Realmente eres bueno dando consejos.-Murmuré despegando mis contraídos labios. Aunque no lo quise así, mi vos sonó torpe y desdeñosa.
-Me alegro que alguien valore mi opinión.- Continuó sorprendido por mi respuesta. Lo sabía por la expresión en su rostro; me estaba volviendo experta en esto.- Al menos no soy solo un arrogante que aprovecha de acostarse con cualquier mujer.
-Cosa que se mueva.-Corregí.
-Como sea.
Torcí el gesto y elevé las cejas.
-Nop; aún lo creo así.
-Entonces soy un arrogante pero con opinión. Creo que he sumado un punto.-Replicó con ironía.
El bosque ahora estaba fundido en una neblina, perdiéndose frente a un color mortecino gris. Al final ( al parecer era el final del bosque) se veía un caminito de tierra con plantas alrededor. Un poco más adelante había una especie de techo blanco con banquitas bajo este y más de eso me era imposible ver. Solo había neblina; un gran vacío blanco a nuestro alrededor.
-¿Dónde estamos?
No pareció interesarle la pregunta o la ignoró ya que sonrió amablemente y sus ojos adoptaron un tono misterioso pero divertido.
-¿Recuerdas que querías alejarte? Resulta que conozco un lugar en medio de la nada que podría agradarte.




martes, 7 de diciembre de 2010

Capitulo 3: Sigueme si puedes.


No soportaba más; llevaba cerca de 1 hora frente a la estúpida consola, perdiendo una y otra vez frente a Alex.
-Hey, tengo que ir al baño.-Repuso él, pausando su "Xbox" y levantandose para ir al baño.
Solía pensar que Alex tenía serios problemas de incontinencia: estaba siempre en el baño. Quizás usaba pañales y aún no me enteraba; eso so que me serviríara molestarlo de por vida.
Esperé que su gran silueta se alejara, y en cuanto no la divisé más, me avalancé sobre mi bolso, casi desesperada y busqué el celular para luego marcar rápidamente el numero de Will.
-¿Si?-Contestó una voz ronca y aturdida.
Con el corazón latiédome, mirando a ambos lados por si alguno de mis molestos primos se acercaba le respondí:
-Will, necesito tu ayuda. Ven por favor.-Rogué en casi un murmullo.
La necesidad de salir de ahí era demaciado fuerte; era una constante tortura que ponía a prueba mis hablidades, la paciencia y el autocontrol, para que no me dieran ganas de tomar el acha de atrás y salir persiguiendo a todos, y luego salir en las noticias por haber matado a mis primos. Pasaría el resto de mi vida en el manicomnio o en la cárcel, pero la idea de no escucharlos jamás se me hacía muy buena.
-Vale, ya salgo.-Finalizó para luego cortar.
Suspiré de alivio; me iba al fin, la tortura estaba casi por terminar. Con tranquilidad, guardé todo y esperé a que Alex volviese, rogando porque no me encontrase nada raro; él era como un gran radar, sabía cuando estaba mintiendo u ocultando algo... o era yo la mala mentirosa. Miré la pantalla en pausa y pensé en que jamás iba a descubrir como era el amor entre él y ese juego de la pelota; los hombres y el futbol, la pasión de perseguir algo como animales desalmados. Encerio que no lo entendía.
Para mi gran suerte, Will sabía donde quedaba la casa de mi tía (lo que realmente me ahorraba mucho tiempo) y solo demoraría... una hora, si tenía algo de suerte, claro.
-¿Me extrañaste?-Susurró una voz a mi espalda que me sobresalto por completo.
-No Alex, enserio estoy mejor sin ti.
Ambos reímos mientras tomaba el control atiborrado de botones y reanudaba su molesta partida. Veía a aquellos pequeños monitos moverse, pero mi mente estaba en otra parte, muy muy lejos. Si bien, jamás le iba a preguntar a mi papá de mi madre, por razones muy obvias, podía preguntarle a Alex. Él tenía ahora 26 y mi madre me había dejado hace 14 años, osea que, 26 menos 14 era 12; el tenía 12 años, era probable que supiese algo.
Hey!¿que acabas de hacer? ¡Te metiste un gol a ti misma!-Gruñó mientras dejaba el control en el suelo y me miraba completamente enfadado. Sus ojos parecían reflejar cuan molesto estaba... y jamás pensé que tendría que recurrir a él como ayuda.
-Alex, tengo una pregunta.
Me miró extrañado y enarcó una ceja.
-Si es esa de "donde vienen los bebés" ni sueñes que te responderé.-Contestó con humor mientras esperaba una reacción mía.
-Enserio Alex, necesito saber algo.-Dije totalmente seria. Sus facciones se volvieron gradualmente serias y asintió con la cabeza.
-Bueno, ¿Que quieres saber Ell?
-¿Tu conociste a mi mamá cierto?
Él enmudeció; eso era algo que no se hablaba , una clase de tema prohibido para toda la familia, como si el que lo pronunciara estuviera profanando la tumba de la abuela o algo así. Se levantó y caminó por la alfombra felpuda roja, mirando las blancas paredes intentando evitar mi inquisitiva mirada.
-Si, algo recuerdo...¿por qué?
-Tengo una mejor pregunta...¿por qué me dejó, Alex?¿no me quería...?¿o...?-Enmudecí sin saber siquiera que decir, bajando la mirada con los ojos llenos de lágrimas asomándose. Cada palabra me costaba decirla y me hería aún más. Para mi era un gran tema olvidado, pero las palabras de Terri me habían recordado todo.
-Hey, no te sientas mal Ell, no es tu culpa-Dijo lentamente mientras se sentaba a mi lado y me abrazaba.-Debía tener una muy buena razón. Pero lo siento, no puedo responderte porque lo desconozco.
Asentí con la cabeza y enjuagué mis lágrimas; una muy buena razón... para abandonar a tú hija. No tenía idea si eso era posible.
-Gracias Alex
-Y cuando necesites una mamá, me pongo una peluca y un vestido.-Dijo con humor, haciendo que esa sonrisa apareciese en su rostro y que ambos riesemos del chiste.
-Recuerdame nunca pedírtelo, ¿si?
-Oye, sería una linda tarjeta de navidad.
-Si, para un travesti.
Me dió unas palmaditas en el hombro para animarme y luego se volvió al reluciente aparato que lo esperaba al otro lado de la habitación, llamándolo con sus atractivos diseños. El atisvo del Alex maduro había desaparecido por completo.
Odiaba aquel juego con mi vida, de veras que lo hacía, tanto lo detestaba que me daban ganas de agarrarlo y arrojarlo por la venta para luego pisotearlo. Obviamente, Alex intentaría matarme con sus propias manos por destruír esa relación "sentimental" que tanto había durado, pero valdría la pena, claro que lo haría.
1 hora, eso fue lo que tardó en desesperarme, que quiciera llorar, que me hizo pensar que la tortura jamás terminaría. Solo una hora para volverme loca... o eso era hasta que el bendito ceular sonó avizando que había llegado un mensaje. Recordaba haber pensado que odiaba ese aparato; pero ahora si que me retractava... a menos que fuese otro de esos mensajes de publicidad: me volvería loca al instante.
-Hey Alex, tengo que ir al baño, ¿me esperas?-Mentí mientras dejaba el control en el suelo y me levantaba de a poco.
Él siquiera despegó los ojos del televisor; parecía que ni pestañeara.
-Anda Ell, te cubriré. Diré que tuve que ir a dejar porque tenías un examen importante o alguna mierda así y que luego no pude ir a recogerte. Suena lo más sincero, porque de echo, olvidaría hacerlo.-Respondió apretando los botones del control sin siquiera mirarme, concentrado absolutamente en el juego.
Lo que hacía el juego... les borraba la memoria y los convertía en autenticos zombies. Solo pensaban en... jugar; era un estado mental horrible.
-Gracias Alex, te debo una.
-Si, si. Te la cobraré algún día. No te diviertas tanto, ¿ok?
-Como digas.-Respondí con una sonrisa pícara apareciendo por mi rostro.
Sin dudarlo ni un segundo, corrí hacía el bolso para luego precipitarme escaleras abajo. Will era mi salvador, siempre lo era, era mi mejor amigo y literalmente me sacaba de todas mis metidas de pata. Recordaba un tiempo muy lejano en que él casi me gustó, pero cuando andaba por la calle parecía que tuviese grabado en la frente "hey, él chico a mi lado me gusta" así que desistí a la semana. Eso si que era una fuerza de voluntad.
Y aquí estabamos, él siendo mi rescatista y chofer privado y yo la dama rescatada inumerables veces que ya se hacía aburrido. Él estaba con el ceño fruncido pero con un brillo divertido en su rostro de todas maneras. Me hizo una ceña y corrí hacía él, dejando el inmenso palacio atrás, ledos de mi familia; de todos.
-Pensé que te estaban secuestrando o algo por el estilo.-Gruñó en cuanto me subi al auto y cerraba de portazo.
-No. Peor; estaba jugando con mi primo.
-¡Guau! ¡que horror! sabes, yo mataría por tener su consola.-Contestó con sarcásmo y enchando a andar el motor.-¿Y donde vamos, señorita?
-Se lo dices a él y te da una orden de restricción para que no te acerques a sus juegos.-Sonreí burlonamente y lo miré por el rabillo del ojo, riéndo de manera algo estúpida. Solía pensar que mi risa era muy desagradable, pero de todas maneras no podía evitar reír.-No lo sé, dímelo tú.
Por alguna razón, encontré algo extraño en la perdida mirada de Will, algo casi perturbador que me inquietaba hasta la parte más pequeña de mi ser. A él lo conocía demaciado bien, podía leer el singular lenguaje que tenía, desifrar cada una de sus mentiras y sonsacarle todas las cosas que ocultaba; a mi no me engañaba en nada.


* * *

El motor de la camioneta habia dejado de rugir estrepitosamente, para ser sustituido por el ensordesedor sonido de la música. Realmente a las personar les molestaría el sonido de la música a máximo volumen todas las noches, si el barrio en donde se encontraba este lugar no diese tanto miedo; en lugares como este, el sonido de la música era la menor preocupación.
-No bebas mucho, no quiero sacarte a cuestas del lugar.-Dijo Will, con una divertida media sonrisa pero con un rostro como si estuviese diciendo algo sumamente serio.
Tomé la perilla de la puerta y lo seguí rápidamente.
-No me preocupa que tengas que sacarme a mí. Me preocupa más que sea yo quién te sacase.
En cuanto abrí la puerta oxídada, el olor acre, de una rara mezcla de sudor, cigarro y otros olores que no sabía que eran, o no lo quería averiguar.
Las luces me daban la impresión a simple vista que las personas estaban teñidas de distintos colores haciendo a todos relativamente parecidos. Lo que me dificultaba aún más la tarea de buscar aquellos ojos, aquel rostro... no creí que pudiese encontrarlo entre todas esas personas.
-Ell, me harías el enorme favor de dejar de mirar a las personas de esa manera tan psicópata.-Murmuró a mi oído lo suficientemente fuerte para que pudiese escucharlo a pesar de la música.
Me volteé hacía él y lo miré de manera graciosa, con los ojos abiertos y haciendo una mueca.
-¿Qué? ¿no te gusta?-Dije casi gritando y sonriendo idiotizada.
-No podré dormir en semanas gracias a .
Le propiné un codazo y nos aventuramos a entrar en el lugar. Una vez dentro, me dí cuenta de el calor infernal y de como el humo de cigarro invadía mis pulmones dificultándome respirar.
La música estaba demaciado fuerte, una rara mezcla de tecno por los marcados sonidos. Will me miró fijamente , con su tez bañada por un extraño azulino semejante al de las criaturas de aquella película "Avatar" y el solo echo de imaginarme a él midiendo unos tres metros bailando alguna extraña danza de la lluvia me hizo reír.
Él, suavemente, me tomó de las muñecas y me arrastró a la pista de baile, ante todas mis negaciones. Nuestro ritmo era totalmente desfasado; era alguna especie de vals lento comparado con las personas que saltaban a nuestro alrededor. Nuestro mecer era relajante comparado con las demás personas, pero yo solo veía el rostro de Will sonriéndome con algo de humor. Sabía que muchos pensarían que eramos idiotas por bailar como abuelitos pero por primera vez a él no le interesaban las apariencias.
Lo miré con una media sonrisa y él me respondió encogiéndose de hombros y girándome para luego ir al sentido contrario. Juntamos nuestras manos y me apoyó en su pecho, dándome cuenta de lo baja que era yo comparado con él. Pero por alguna razón me sentía ahogada, intentaba seguir ahí con él, pero mi intento era en vano, ya que parecía que me estaba quedando sin aire. El calor comenzaba a subir a mi cabeza mientras las mejillas se me encendían y fue ahí cuando me dí cuenta que no podía ni debía estar aqui adentro.
Lo solté y le hice una seña para que me esperara, y sin pensarlo de nuevo, me abrí paso entre la multitud para poder llegar a la lejana puerta. ¿Y si me desmayaba? probablemente las personas me piseotarían antes de percatarse que yo estaba ahí, y este puro pensamiento fue el que me insito a caminar aún más rápido. Con cada paso que daba la sangre me bullía aún más fuerte y en cuanto estuve en la puerta tantié con brusquedad en busca de la perilla para abrirla con brusquedad.
El aire fresco me golpeó el rostro, como una gran ráfaga de alivio pero aún así no me fue suficiente. Casi a cuestas, bajé la escalerilla oxidada cuidadosamente y me apoyé en la pared del sucio callejón de el viejo lugar. La cabeza aún me daba vueltas pero cada vez que inhalaba el alibio corrompía mi cuerpo haciendo que los puntitos que veía se hicieron cada vez más diminutos hasta ser practicamente invisibles.
Quizás necesitaria un rato más o... mis débiles pensamientos fueron interrumpidos por unas fuertes carcajadas provenientes del otro extremo del estrecho callejón. Mi corazón se aceleró, ¿que hacer?, ¿quedarme ahí esperando a que pasaran o caminar e intentar alejarme lo más posible? No parecía muy segura la primera opción ; los hombres aquellos no tenían pinta de estar lucidos y la idea de estar con ellos me ponían la piel de gallina.
Lentamente, me incorporé y comencé a caminar por el oscuro callejón, mirando el largo camino que tendría que recorrer para salir de acá... quizás después de todo, la idea no había sido muy buena. Las calles tenían un olor a basura y a orina que se volvía más y más desagradable a cada paso, lo que aumentaba las ganas de devolverme. Las risas seguían a mis espaldas pero ahora murmuraban algo como si lo encontraran gracioso.
Hey, niñita!-Gritó uno de voz algo ronca. No me atreví a siquiera mirarlo, intentando caminar más rápido.
La sangre subía a mi cabeza, poniéndome más nerviosa y dándome la impresión de que aquel callejón era eterno.
-¡Linda, no corras!-Exclamó otro divertido. Las voces eran un fuerte eco en mis oídos e intente caminar algo más rapido, pero tambaleandome en el intento. Parecían muy cercanos a mí; quizás demaciado.
-Te agarré.-Susurró una voz a mi oído mientras una mano fuerte y masisa me tomaba del antebrazo. No tuve el tiempo de alarmarme ni de gritar; me quedé sin respirar con el corazón detenido.
Con toda mi fuerza, intenté safarme de aquel asqueroso hombre, pero solo conseguí que soltaran unas buenas carcajadas de diversión. Me volteé y empecé a sacudir mi brazo, pegándole con mi mano libre en el pecho, dando patadas para que me dejara libre; pero todo lo que lograba era que me tomacé mas fuerte y que los otros dos rieran con fuerza de aquel patético espectáculo.
Sueltame!-Grité con desesperación, pero él solo rió siniestramente para girarse y dirigirse a los otros dos.
-La niña tiene agallas. Eso me agrada.
Él hombre, evidentemente mayor que yo, mucho mayor y parecía tener una borrachera pero estar conciente aún así. Me asusté aún más al verle los ojos y con la adrenlina pasando por mis venas comencé a gritar y a sacudirme. Me tapó la boca con su sudorosa mano para que me callase de una vez... la adrenalina se había ido y ahora solo quedaba el miedo y la desesperación.
Unas lágrimas de terror absoluto brotaron de mis ojos, pero él, insensible, me arrinconó contra el muro de hormigón con fuerza, pegándome en la columna.
-Veamos...¿que podemos hacer con ella?-Preguntó divertido a los otros dos, quienes respondieron con carcajadas que reafirmaban mis temores.
Se voltió y se dirigió a mí, con esos horribles ojos llenos de maldad, y con voz dulce susurró a mi oído:
-Así que... jugaremos un poco.
Su sucia mano seguía sobre mis labios presionándolos, y cada vez que intentaba gritar, me encontraba con este muro que me dejaba un mal sabor en la boca. Intenté moverme, sacudirme, pero aquel desagradable ser estaba tan apegado a mi cuerpo que me era imposible hacer algo más.
-Tranquila.-Susurró a mi oído con voz suave.-Si te resistes todo será peor, así que se una buena chica, ¿si?
Con los ojos empapados en lágrimas le supliqué que me dejara, pero él solo me chisteó levemente negándo con la cabeza. Con la otra mano libre volteó mi cara y me sacó el pelo de la nuca corriendomelo a un lado casi con delicadeza mientras ponía sus sucios labios sobre mi cuello.
Cada asqueroso beso me aterraba más, haciéndome llorar con más fuerza temiendo por lo que pudiese ocurrir después. Mi cuerpo había comenzado a temblar, por el frío y por el miedo que sentía en este momento, ¿que quería de mi? sabía que la respuesta era demaciado clara.
No iba a escapar, no lo haría jamás; no había esperanza. Dejé de moverme, sin voluntad propia y cerré fuertemente los ojos, esperando lo peor.
Esto era... saber que no me quedaba esperanza, que tu vida estaba en manos de seres como aquellos. Ellos 3 serían mis jueces y verdugos.
Hey!, ¿que hacen?-Exclamó una voz de manera brusca y enojada que me sonaba vagamente familiar.
Él hombre que me tenía tomada me soltó un poco y de mala gana se giró hacía él, con una mirada asesina y mueca de desagrado.
-Andate, Chris, no es asunto tuyo.-Siseó con odio, escupiendo cada palabra con desprecio.
Chris...Chris...que maravilloso nombre. Giré mi cabeza, aún con la mano en la boca y al ver su rostro encaminandose, solté una lágrima. No sabía si era de alivio, o de más miedo aún.
Él me miró unos pocos segundos y eso le fue más que suficiente.
-Sueltala, Ian.-Musitó con voz seca acercando más, pero parecía extrañamente calmado.-Recuerda que sé quién eres y lo que haces. No me es un gran esfuerzo delatarte.
Los otros hombres intercambiaron miradas y comenzaron a reír divertidos ante la amenaza.
-Si lo haces, también caes tú, Christian.-Repuso otro que no le podía ver bien el rostro.
Chris, como si estuviese bromeando, sonrió, pero era una sonrisa muy irónica.
-Puede ser, pero sabes que yo estaré mucho menos tiempo que tú.
Él hombro me aflojó un poco, evidentemente molesto y frunció el ceño mirándolo. Le lanzó una última mirada de odio y luego le hizo una seña a los otros hombres para que se comenzaran a marchar.
Con brutalidad, me tomó de mi chaqueta y me arrojó hacía hacía adelante con fuerza. Por la fuerza, me tropecé con mis propios pies y caí osilante hacía adelante, pero unos fuertes y cálidos brazos me tomaron en el acto.
-Como quieras, ahora es tuya. Diviertete tú, a que lo sabes hacer mejor que nosotros.-El hombre le sonrió de manera malvada y me lanzó una mirada que me hizo temblar antes de irse con los otros dos.
Chris frunció el ceño , pero luego desvió su atención hacía mí y me ayudó a incorporarme. Temblaba de pies a cabeza, cada vez que pestañeaba veía los oscuros ojos cargados de maldad en frente a los míos.
-¿Nadie te enseñó a no salir sola? acá es demaciado peligroso.-Dijo con frialdad e indiferencia, como si lo que acabace de no salvar mi vida.
-Yyo...yo...-Tartamudié quejumbrosa mirándo su duro rostro. Pero me había quedado en blanco; no sabía que decir.
Quería llorar de terror, pero eso no solucionaría nada, solo empeoraría todo y no solucionaría nada. Cerré los ojos respirando ondo para tranquilizarme cuando algo pesado cayó sobre mis hombros.
Solté el aire contenido y abrí pestañeando con dificultad por las lágrimas acumuladas en mis ojos, para luego percatarme de que su abrigo de mesclilla estaba sobre mi cuerpo. Si quería podía envolverme en un covertor, pero no dejaría de temblar.
-¿Quieres...?-Preguntó señalando al final del callejón donde las luces comenzaban a alzarce.
Sorbeteé mis lágrimasy con los ojos abiertos como platos, asentí y caminé quejumbrosa por las mojadas calles con apretadas paredes; de echo, eran tan estrechas que casi nos tocabamos los hombros.
-Sé que no puedo decirte como superar esto, pero te sugueriré algo. Olvidalo. Entre más pienses en ello más te atormentarás y no podrás dejar de pensar en ello jamás. Piensa en algo más, que estas a salvo o yo que sé, solo no pienses en eso.
¿Qué lo olvidara?¿Que clase de consejo era ese? no podía olvidar algo como eso; no lo podría olvidar jamás. Nunca.
-¿Sabes que pensé que iba a morir?-Dije al fin, luego de unos largos minutos rompiendo el silencio. Intenté tragarme mi miedo, pero aún así soné insegura pero al menos no tartamudeaba.
Pensé que me matarían ahí, que me dejarían en medio de la calle desangrandome o que terminaría mal, internada en un pasillo de psiquiatría. De todas maneras , ya pensaba en ir a un psicologo... aquella voz sucia, manos sudorosas y unos ojos negros puramente malignos... había pensado que conocía mis miedos; ahora me daba cuenta de que no era así.
-Todos pensamos que moriremos más de una vez, solo debes agradecer de estar viva, que tienes la oportunidad . Te aseguro que muchos no tuvieron la suerte tuya.-Dijo con vista perdida, mirándo el fin del callejón. El frío le había puesto la piel de gallina , rozándole cada milímetro de su cuerpo. Pero su rostro estaba tan... no sabía si apacible era la palabra... solo era indiferente.
En cualquier otra situación hubiera esperado un "tranquila, ya pasará" ó " Todo está bien ahora" en vez de su respuesta fría pero sabia. Había algo en él que lo hacía único, una juventud muy madura, como si cada marca de su rostro significase algo y a decir verdad, una respuesta sincera era lo que yo necesitaba.
Estaba acá, viva, respirando y solo se lo debía a él, o al destino, ¿un psiquiatra? bien, tenía que admitir que él tenía algo de razón.
-¿Crees que vuelvan?
Sus destellantes ojos se posaron sobre los míos.
-No, no lo creo. Son lo bastante cobardes e inteligentes como para no intentarlo de nuevo con la misma chica.
Con el miedo aún corriendo por las venas, le sonreí y él, increíblemente, me deolvió la sonrisa. No me constaba que él estaba diciendo la verdad.
Miré al infinito , sin decir nada y sin pensar en nada. El cielo estaba negro, tanto que ni se veían las estrellas ; no había que ser un genio para saber que iba a llover.
-Va a llover.-Farfullé subitamente.
-Ya es invierno, pero esperemos que no nieve. Cuando eso pasa, las cosas aquí se ponen feas.-Contestó mientras salíamos al fin del callejón.
-¿Vives acá?-Pregunté sin escrupulos.
Él farfulló algo por lo bajo que no alcancé a escuchar, pero luego asintió. Me pregunté a que clase de persona podía aguantar vivir aquí... a, sí: él. Pero increíblemente, parecía un buen chico; creería que es uno más de colegio caro y familia adinerada si no lo tuviera a mi lado ahora.
Ya habíamos llegado al final del callejón con la luz de los faros iluminándo nuestros rostros. Lo miré directo a los ojos y sonreí débilemente, sin ganas.
-Gracias.-Dije finalmente.
Su neutral rostro parecío cambiar de humor o algo parecido. Su mirada parecía algo amable y tenía una cautivadora sonrisa.
-De nada, cuando quieras... siento haber sido tan frío, no quice causarte mala impresión.
Reí de manera estúpida de nuevo. Si era sincero, entonces no era alguien tan malo, alguien al que debía temer. Al menos se preocupaba de la impresión que había causado en mí. Me subió ligeramente el ánimo y con cautela, eché un vistazo a la vuelta que me tendría que dar para regresar con Will, eso sí lo encontraba entre la multitud.
-Así que no eres tan duro como parecías, ¿eh?
Él aparentemente se percató de mi inquietud.
-Si quieres te acompaño.-Ofreció de buena manera, curvando una sonrisa.
No era que no pudiese volver sola, era solo que... me aterraba hacerlo, siquiera pensarlo. No pensaba volver ni aunque me pagaran.
-No lo sé... no tengo apuro en volver.-Respondí nerviosa mirándo varias veces a la esquina.
Me miró algo extrañado, pero finalmente accedió. Comenzamos a caminar en la dirección contraria, pasando por el pavimento mojado teñido de naranja. Era un raro color producido por los focos y ahora estaba siendo bañado por una fina capa de lluvia.
-Ahora no te alejes de mí. Este si que no es un lugar seguro.- Dijo mientras emprendíamos rumbo.
Dicho esto, practicamente me apegué a él. Las calles daban encerio miedo; eran callejones oscuros con personas tambaleantes, o simplemente edificios abandonados llenos de grafitis. Las pocas ventanas que habían encendidas daban miedo; parecían ocultar algo extraño detras de ellas, y era algo que simplemente no dudaba.
-Así que... ellos te tenían miedo.-Dije casi en un susurro con la vista pegada al suelo.
-Solo tengo 24 años. Ellos no buscaban pelea, sino no te hubiesen entregado cuando se los pedí.
-Bien, ahora sé que es un lugar horrible.
-Claro que lo es, pero te acostumbras a la larga.
Recordaba que la primera vez que lo había visto, me había llevado una impresión totalmente distinta. Él parecía animado e incluso gracioso. Reí por lo bajo y levanté la vista, encontrándome que él me miraba sonriéndo.
-¿Así que te guardas un chiste? venga, cuéntamelo.
-No...no lo es... es solo que me llevé una imagen equivocada tuya.-Murmuré sonrojandome y apartándo la mirada.
-Bueno...acá afuera las cosas son distintas, supongo, así que no puedo andar con una faldita rosa repartiendo flores.-Repuso con ironía y humor al unísono.
Ambos reímos, ignorando el echo de que habían varias personas que nos miraban molestos. Bueno; quizás si tenía sentido del humor.
-¿Y que hay de tí?-Preguntó luego.-Solo sé que tu nombre es Ellen, y eso realmente no me dice mucho.
Volví la mirada hacía él y le contesté sonriendo.
-Bien, en ese caso...Soy Ellen, me dicen Ell... me gustan las caminatas, el ballet, los gatos y animales en general. Me agrada la lluvia y odio el calor... ah, y amo los hot-dogs por alguna razón que desconosco.
Chris soltó una carcajada, ignorándo que pasabamos al lado de un vagabundo durmiendo.
-Creo que es un avance. Y hablando de hot-dogs, ¿te parece si comemos uno?
Sonreí ante la invitación de él. Era quizás solo yo, pero parecía que me estaba invitándo.
-Me encantaría.
Las calles seguían idénticas, con ese toque desagradable que me ponía los pelos de punta pero al lado de un gran edificio había una pequeña tienda blanca con un sucio letrero que decía: Hot-Dogs con un hombre de edad y cara de malhumorado dentro de esta.
Nos acercamos y pedimos dos, pero increíblemente, Chris no dejó que yo pagara el mío, así que accedí a darle el gusto de que él invitara. El chico al parecer si tenía modales, y a decir verdad era encantador; no se parecía en nada a lo que yo hubiese pensado.
-Lo malo... de vivir en "La alta sociedad"-Dijo mientras comía un bocado y hablaba a medias.-Esto es lo que te pierdes; cosas como estas. No encontrarás mejores hot-dogs en toda la ciudad.
Y tenía razón. Era por muy lejos, el mejor que había provado jamás , con suave textura y unn aroma apetitoso.
-Creo que estas en lo cierto.-Le dije mientras me apoyaba en la fría pared. El antiguo tema de conversación parecía haber quedado en el olvido.-¿Y que hay de ti?hablamos de mí, pero aún no te conosco bien.
Sonrió mientras terminaba de comer.
-No hay mucho que saber y de todas manera, no hay nada que te interese.
Lo miré perpleja y no demoré en contestarle y discutir.
-Bueno, entonces enseñame a ser así de ruda.
Él soltó una risa irónica y me miró de reojo para luego añadir:
-Te costaría escaparte de casa, una ida a la correccional y creo que aún así darías tanto miedo como un gatito.
Lo miré ceñuda y algo enojada. Él hizo una mueca y se encongió de hombros.
-¿Correccional?.-Preguntó con mal tono.
-Eso es historia de otro día.
-No, creo que tenemos bastante tiempo.-Dije cortante. Solo pensaba en que me había salido de una mala y ahora estaba en una peor. ¿Quién era él? ¿Que exactamente había hecho?
-Bien, pero antes que voy a robarte tendrás que escucharme.-Dijo volviéndose serio y eliminando todo el humor de su cara.
* * *
Uff, al fin terminé este capitulo, siento la demora pero al fin terminé todo :) así que me apresuré en terminarlo de una vez. Muchas gracias a las chicas que me leen :) se los agradesco demaciado jaja y sus comentarios también. Que tengan una feliz navidad y que lo pasen genial jaja ahora podré subir más seguido así que muchos besos y hasta pronto :D

Si copias, te pego :(