lunes, 20 de diciembre de 2010

Capítulo 4: Los zapatos hacen a la persona...a veces.

Uuf, siento haber tardado taaanto, es una larguisima historia que incluye perderse en un lugar tipo "Lost" donde no tenia ni señal de celular, osea eso es igual a = no poder hacer nada. Creo que si me hubiese quedado un rato más me habría vuelto una salvaje y ahora estaría en tapa rabos corriendo por alguna parte del bosque adorando a mi Dios Ardilla jaja. Por suerte ahora puedo escribir :) y aqui les dejo el capitulo 4, aleluya jajaja.
Lo malo (haciendo un parentesis) es que creo que volvere asi que si no me paso por sus blog y no comento sus entradas, Don't Worry jaja no las abandono, solo que NO HAY INTERNET! hasta a mi me desespera :/ Ahora si jaja el cuarto capitulo :)

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Me senté en el suelo, tomando por la punta mi zapato de ballet y elongando mi pierna. No sabía que era lo que me estaba pasando, en absoluto y creía que era por los últimos eventos presentados en mi vida; si antes estaba confundida ahora esta perdida. No estaba tratando bien a mi entorno, pero por primera vez no me interesaba; se preocupaban por mi actitud, por mi sequedad pero no quería que les interesara y tenía el bago pensamiento que no se deberían meter en mi vida.
El sol entraba por la pequeña ventanilla de la esquina y por haberme quedado tanto rato sentada en el mismo lugar me había empezado a quemar la espalda, haciendo que me sonrojara... pero inusualmente no me interesaba.
Clank.
Ese era el sonido de la oxidada puerta abriéndose de manera estrepitosa. Deberían arreglarla. Me incorporé para echar un vistazo, pero al parecer ya tenía una idea figurada de quien podía ser.
-Bien, últimamente estás algo retraída.-Dijo Will, secamente mientras arrojaba el bolso al otro lado de el salón. Al parecer, no era la única con problemas con el humor.- Y que me hayas abandonado el domingo no fue algo agradable , ¿tienes una idea de cuanto te esperé?
Lo miré de reojo y puse los ojos en blanco de manera arrogante, volviendo a pararme en puntas y practicante las posiciones de los pies para calentar los músculos. Era obvio que no quería una respuesta.
-Lo siento Will...es solo que...estoy bajo presión.-Dije entre suspiros mientras movía los brazos sin dejar de practicar. El colegio... el baile....y otra clase de cosas que no quería recordar rondaban por mi cabeza.
Soltó un suspiro de frustración y se acercó a mí, apoyándose en la barra frente a mí. Estaba algo ceñudo pero aún así tenía un aire de interés en mí.
-Ok, te preguntaré. ¿Qué es lo que te pasa?
Esbocé una media sonrisa que se vio algo triste y le respondí.
-El colegio, las Universidades y personas importantes que no quiero conocer. El único momento en que podemos demostrar de que de algo servimos.
Ladeó la cabeza con confusión.
-¿Y cuál es el problema exactamente?
Al parecer, los hombres eran mucho más lentos de lo que pensaba.
-Bueno Will, mi padre es salido de una de las mejores universidades del país y el quiere que estudie y siga con él negocio familiar.
Recordaba que este era el momento en el cuál todos hablaban, el que muchos esperaban para demostrar quienes eran, o solo decir su apellido para quedar aceptados. No quería, claro que no, pero de muchas manera era mi obligación; no quería que a mi papá le diese un infarto por mi culpa.
-Creo que te entendí...¿no quieres hacerlo pero tu viejo espera que lo hagas?
Estuve a punto de soltar "vaya, que rápido eres" pero preferí quedarme callada.
-Exacto.
-Que bueno que no soy tú.
Me encogí de hombros y bajé lentamente cuidando no lastimarme el tobillo.
-Bueno, no se eligen a los padres.
-A mis padres no les interesa donde vaya, sino que sea feliz. Si para tu familia la tradición es ir a la universidad, para la mía es no ir.-Dijo sonriendo mientras me tomaba de la cintura de manera amistosa y me llevaba al centro.
-¿Tus padres no querrán adoptar a una niña de 17 años?.-Bromeé mientras me soltaba y me apoyaba en sus hombros para tomar equilibrio.
Él se rió de mi chiste y figuró una media sonrisa de diversión en su rostro.
-No lo creo, somos 5 hermanos, pero si se interesan en tener una hija serás la primera en la lista. ¿Y que hay de El Lago de los Cisnes? es un clásico, y es bueno que nos consideren parte de la compañía para mostrarlo.
Moví el cuello que me sonó frente al movimiento. No sabía para quién presentarme, y de todas maneras, habían bailarinas mayores y con más experiencia para presentarlo. De cualquier manera, me iba a presentar para el Cisne Blanco, la reina cisne.
-No lo sé, creo que el Cisne Blanco. De todas maneras, si me dejan en el Cisne Negro, bailaré contigo.
-Ya tienes asumido que seré el príncipe.
-Claro, porque lo serás, estoy segura.
Will no era la clase de consejero que toda chica buscaba, sus consejos en verdad eran malisimos pero al menos sabía como hacerme sentir mejor. Siempre lo hacía.
Me sonrió dándome ánimos, con "Tu puedes" tatuado en su cara. Me recordaba cuando tenía 13 años y me había dado miedo presentarme; él fue el único que prácticamente me arrojo a el escenario ( el tenía 15 y me tomó en sus hombros y me llevó al lado del telón donde no tenía por donde escapar) así que para él la palabra "no puedo" no existía.
-¿Y bien, vamos a practicar o qué? Los papeles no se presentar por arte de magia... a menos que seas prima de Harry Potter, lo que creo poco probable.-Esa película. Solo yo sabía que le gustaba esa película, aunque jamás había leído un libro de Harry... con suerte sabía leer los anuncios de tv, así que no había mucho que discutir.
No dije nada y solo asentí para quedarme con mis irónicos pensamientos escondidos en el fondo de mi ser. Le tomé su pesada mano para comenzar a bailar y por un momento olvidé que él era Will... parecía el baile, lo podía imaginar perfectamente. Era el pequeño y frágil cisne que pierde a su amor, y sin nada más por qué vivir, se suicidó. Era un ballet, triste y eso era indiscutible, pero aún así era algo hermoso de ver.
Si no fuese un ballet, la gente se quedaría horrorizada.
***
¿A quién se le ocurre andar con zapatos altos por la acera?ah, esperen; a mí. Acababa de salir del estudio, vestida con un vestido de alta costura, por decirle así; cortesía de papá y unos zapatos negros que me envolvían el pie¿y todo para qué? Claro, para ir donde Antoniett. Necesitaba hablar con ella y no sobre el colegio; ya no era mi tema. El baile y la tarde con Will se habían encargado de desecharla.
Ya me encontraba prácticamente en "High Street" y no era porque hubiese un letrero ni nada por el estilo, sino porque las pequeñas casitas eras sustituidas por mansiones monumentales, llenas de altas cercas, los mejores autos y patios dignos de un rey.
Y ahí estaba, la cada de Antoniett, bueno, mansión, blanca y de al menos 3 pisos con más de 24 habitaciones, chefs profesionales y sirvientes. Sin mencionar su laberinto de patio y sus dos limusinas. Se podía decir que no vivía mal.
Solté un suspiro algo quejumbroso y me acerqué a la enorme cerca, tocando el timbre con cámara. Los pies me mataban cuando escuché el pitido de la cerca eléctrica abriéndose dándome paso.
No pregunté ni golpeé, en cuanto me abrieron entré sin previo aviso hasta llegar al interior. Prácticamente me había criado en esta "casa" y luego de tanto tiempo no encontraba necesario anunciar mi visita ya que era natural que estuviese aquí.
Comencé a subir la escalera de mango de oro en forma de espiral con el resonar de mis zapatos a cada escalón de mármol.
-¡Niet!.-Grité con la esperanza de que me escuchara desde el último piso.
-¿Ell?-Preguntó su vocecilla desde algún punto indefinido.-¿Eres tú?
-Quién más.-Respondí sin ánimo mientras recorría el último tramo que me quedaba.
Al final de la enorme escalera había una gran, pero gran puerta donde la morena cabeza de mi amiga se asomaba por un extremo. Sonrió mostrando sus blancos dientes e iluminando su dulce rostro.
-Debería darte una copia de las llaves.
Sonreí sin ánimos y entré con aire de cansancio a su habitación. Como era de esperarse, era una habitación enorme; con una cama monumental con un cobertor dorado y muchísimas almohadas. Numerosos cuadros adornaban las blancas paredes y múltiples muebles se encontraban esparcidos a lo largo.
-Vengo muerta. No me puedo los pies.-Suspiré mientras arrojaba el bolso a un lado y me recostaba sobre la blanda y mullida cama.
-¿No crees que es demasiado entrenamiento? Baile, escuela, amiga, hija... no puedes hacer todo.-Dijo mientras tomaba una silla exótica y se sentaba en ella.
Llevaba un vestido Versase rojo que había comprado cuando fue a París, corto y de color beige. Ella si que era aficionada a todo lo que era moda y "tomaba prestado" todas las cosas que yo no usaba, como los zapatos Chanel negros que llevaba ahora.
-Lo sé... es que tengo que conseguir el papel, y conseguir la estúpida entrevista y entrar a la universidad...¡No puedo!.-Exclamé frustrada poniendo una almohada sobre mi cara y gritando para relajarme.
Su rostro se puso serio y me miró de una manera singular, entre lástima y preocupación pasando por sus delicadas facciones.
-Tú y yo sabemos que no te interesa la entrevista. Debes elegir, no puedes hacer todo.-Dijo con voz calmada.
Me senté y comencé a juguetear con mi rubio cabello que caía sobre mi cara; pensando evidentemente. Si lo hacía; mi padre jamás me perdonaría ya que el apellido Rosbtrob lo era todo para él.
Miré nerviosa hacía un mueblecillo, ¿pero realmente prefería ser infeliz el resto de mi vida o ser feliz aunque mi padre me odiase? Y si realmente me "amaba" en algún momento lo aceptaría.
Ya sabía que hacer, o tenía una idea.
Por alguna razón la presión que sentía ya no estaba; el nudo en mi garganta había desaparecido y las mariposas de mi estómago estaban extintas.
-Antoniett, eres fabulosa.
Ella ladeó la cabeza entretenida y sonrió con felicidad.
-Lo sé.-Bromeó ella mientras me propinaba un golpecito en el brazo.-Me gusta ser de ayuda.
Mi mirada se endureció y caí de lleno en otra absurda realidad. Recordé a Chris, y lo que me dijo aquel día "si te aburres de tus amigos ricos llámame" lo que para mí era más un: no te llamaré porque eres un chico vulgar y no quiero malas influencias en mi vida. Y sabía que él no me llamaría,
Sentía que algo me quemaba la conciencia, me ardía y gritaba con urgencia que lo hiciera. Qué buscara el celular y marcara el número y eso sería todo, pero no quería; o si quería pero definitivamente no podía. Había algo en él que enserio no me agradaba.
-Si no me equivoco, y jamás lo hago; estás pensando en algo.-Dijo interrumpiendo mis pensamientos.
Pestañee varias veces y balbuceé algo sin coherencia para luego decir "no, nada" . La conocía y diría que no me acercara, que era un chico muy tóxico y peligroso. Pero creo que también era por eso por lo que me agradaba.
Hablamos de muchas cosas mientras el tiempo corría sin que nos diéramos cuenta. Y pude detenerlo; el colegio no importaba, ni los chicos: nada. Estaba en mi mundo privado, un mundo en donde nosotras dos teníamos acceso y nadie más.
Antoniett se había incorporado y al mirar por la ventana había murmurado algo.
-Hay una limusina afuera; y no es mía. Es tu padre.
¿Mi padre?¿desde cuando?¿era eso posible? Desde el jardín de niños que no me buscaba y ahora estaba ahí, parado esperándome.
Me levanté de un salto con el corazón en la garganta . Era él, ahí afuera. Intercambié una larga mirada con Antoniett y ella comenzó a empujarme para que saliera a verlo.
Me llevó todo el camino de vuelta hasta la salida, donde estaba esperando. Su ya viejo rostro parecía cansado pero estaba aún vestido de traje de negocios e increíblemente sin su celular.
Cuando nos vio salir, saludó a Antoniett con la mano y me hizo una seña para que fuese haya. Me despedí de de ella, con las manos sudando y con su débil " buena suerte" resonando en mi cabeza.
La limusina era cómoda, con un gran espacio interior y con acolchonados asientos de cuero negro. Pero el lujo no me impactaba en absoluto; era mi papá que estaba sentado con una gran sonrisa.
Este sí que era él fin del mundo.
-¿Y esta sorpresa?-Pregunté sentándome más cerca de él. Por primera vez en mucho tiempo me sentía bien, sentía como si al menos mi papá fuese normal en algún sentido; en resumen me sentía querida por él.- Pensé que estabas en Francia o en algún lugar muy lejos de aquí.
-Lo estaba.-Su voz parecía ta profunda que no la había reconocido. Indicio de que hablábamos demasiado poco..Pero vine para traerte un regalito especial.
Genial. Esperaba algo como: quería verte, hija y no algo material que obviamente no quería ni necesitaba en absoluto.
-Muero de ganas.-Repuse con ironía, rompiendo toda ilusión que tenía en frente a su cambio y borrando toda sonrisa de mi rostro que fuese verdadera. Con el tiempo había aprendido a no ilusionarme demasiado. Al parecer no había notado mi ironía y solo saco una gran bolsa negra con cierre que contenía un hermoso vestido blanco y unos zapatos Chanel negros que por como se veían debían haber sido carisimos.- Muchas gracias, ha sido un regalo estupendo.-Mentí mientras lo abrazaba sin ganas.
-Para tú entrevista. Debes verte bien para que te tomen enserio.
Puse los ojos en blanco. No me interesaba la entrevista; solo debía poner una cara seductora y decir : Hey... soy Ellen Robstrov. Y quedaría; todo estaría resuelto.
Guardé silencio y me tragué mis palabras. Una vocecilla dentro de mi gritaba que se lo dijera, que no pensaba ir a esa entrevista, ¿pero como ver su cara enrojecida por la ira?. No creía poder así que sonreiría, me presentaría y simularía ser feliz por el resto de mi existencia.
-Dentro de un tiempo tengo una presentación.-Dije cortando el incómodo silencio mientras me deslizaba a la puerta para apoyarme y ver por la ventana.
-¿De qué?-Preguntó sin darle importancia.
"¿De Qué?" ¿Qué era lo que pagaba desde los últimos 14 años? No pude evitar que la ira terminara de corroer mis venas pero solo me mordí el labio de manera dolorosa. Podía ser mala; quería ser mala.
-Ballet. Me gustaría que estuvieses ahí.
Me dí cuenta de su mirada en mis hombros y sin ser adivina sabía que diría; no le interesaba. Si el ballet no incluía nada de negocios o corporativo no era para él.
-No lo sé. Lo más probable es que no pueda ir.-Me volteé a mirarlo. Su rostro expresaba culpa, pero sus ojos... no eran nada. Era verdad que no podía pero no lo lamentaba.
-Ah, no importa.- Intenté decir de manera normal, pero inevitablemente sonó brusco y seco.
No quería llorar; había aprendido a no hacerlo. Sonreí de manera irónica. Me volteé para mirarle el rostro con ira; una ira asesina pero disfrazada en una sonrisa. No podía creer que fuese tan insensible; él no era un humano... era un monstruo empresario.
No quería ver más su feliz rostro que tanto me irritaba así que me acerqué a la puerta de la limusina y me apoyé nuevamente en el marco de la ventana para mirar a las personas. No las conocía pero parecían felices, caminando por las calles con sus bamboleantes sonrisas. No me molestaban en absoluto; solo los envidiaba.
En cuanto llegamos me lancé prácticamente de la limusina, aún con los nervios encrispados, para corres escaleras arribas y cerrar la puerta de portazo. No quería hablar con aquel ser que se hacía llamar "papá".
Mi habitación estaba perfectamente ordenada y para mi suerte, el celular estaba arriba de el mueble blanco francés, al lado de múltiples perfumes completamente llenos. Cuando estaba enojada, hacía cosas que no haría usualmente en momentos de lógica.
Pero ahí estaba, tomando aquel celular y marcando el número que no quería marcar.
El recuerdo de ese domingo en la noche aún seguía vívido en mi mente. Yo ya sabía quien era él, solo se había ido de casa y estuvo metido en varios asuntos que no quería recordar, no muy graves pero si degradantes. Pero lo entendí fue que... él hizo lo necesario para sobrevivir y un hombres que solo era auto suficiente no podía ser malo y, ¡Por favor! todos tenemos uno que otro desliz, no era nada.
-¿Si?.-Dijo una voz ronca y soñolienta ... aunque fuesen solo las siete de la tarde.
-Soy Ellen...-Murmuré con duda, caminando nerviosamente por mi habitación y mordisqueandome las uñas. No tenía ni idea de lo que hacía.
Creo que escuché una risa proveniente de el auricular, una risa ronca e inesperada.
-Bueno, pensé que no llamarías jamás y que no querías verme.
-Creo que he reconsiderado tu propuesta.-Dije intentando sonar madura y segura, todo lo contrario a mí.
-¿Así que has revisado tu apretada agenda?.-Bromeó pero a mi no me hizo gracia. Los chistes de mal gusto siempre me caían mal.
-Si te comportas así, no me interesa salir contigo.-Dije con voz seca y cortante pero él me interrumpió.
-Así soy yo, lo tomas o lo dejas. Si de todas maneras decides seguir con tu plan, espérame mañana en la plaza cerca de él centro comercial.
Abruptamente me quedé en blanco sin saber que decir. Su seca actitud de chico malo (pero no el típico adolescente que creía que por fumar y emborracharse lo era, sino por uno verdaderamente "malo") me hacía pensar estupideces, ¿como reaccionaría mi papá si supiese que conozco a un tipo como él? ¿como sería su cara? El solo echo de figurarlo me producía cosquillas en el estómago, unas muy perversas cosquillas de gusto.
***
Era extraño. Tenía la sensación de que todo el mundo decía "oh, esa chica saldrá con él" como si fuese una terrible blasfemia o hubiese hecho algo horrible. Mi corazón palpitaba con violencia, por nerviosismo y las manos me sudaban. Pero aún así, solo por estar sentada cerca de él me hacía sentir la mujer más afortunada del mundo.
No había podido adivinar que ponerme -siempre había sido mi gran problema- así que solo llevaba unos jeans claros y una polera muy simple. Sin maquillaje, sin nada. Pero las personas alegres no parecían notarlo, solo pasaban a mi lado sin notarme, sin saber quién era yo y probablemente jamás lo sabrían.
Un sol casi mortecino alumbraba los árboles y la limpia acera, amenazado por desaparecer detrás de las nubes. Arrugué la nariz. Debí haber traído un abrigo.
¿Y si no venía? No quería volver a llamarle y la idea de largarme era tentadora. Pero por primera vez había querido que viniera, cada persona que pasaba semejante a él le causaba un brinco a mi corazón dentro de mi pecho, quitándome el aliento y haciendo transpirar mis manos. No me sentía con lógica ahora.
Bien, esperaré 10 minutos y ya, si no aparece me voy” Me mentí. Sabía que era una mentira, una muy grande pero quería complacerme.
Me comenzaba a impacientar. Mis nervios ya no eran más que un enojo, mirando fulminante a cada persona que se asomaba ingenua por la esquina. Hasta que lo vi cruzado de brazos y sonriendo con unos lentes negros sobre la nariz apoyado en la puerta de un auto.
Lo miré molesta. Me levanté y caminé con paso medio seguro. No tenía idea de qué era lo que precisamente estaba haciendo pero ya estaba a unos pasos y era muy tarde para correr despavorida.
La fuerte brisa me revolvió el cabello arrojándomelo a la cara y arruinando lo que creía que fuese una entrada algo madura.
-Hola.-Dijo indiferente mientras ambos caminábamos hasta un punto. Llevaba un abrigo negro y tenía las manos escondidas en los bolsillos con indiferencia.
-Hola.-Mi voz sonaba extraña hasta para mi.
-Pensé que bromeabas y que solo me dejarías esperando.
-Y yo pensé lo mismo.-Murmuré lo suficientemente fuerte como para que él me pudiese escuchar. El molesto fuego subió a mis mejillas una vez más.
Siguió sonriendo. Hoy era algo distinto, parecía casi alegre pero con un toque frívolo siguiéndolo de todas maneras. Era un gran y perfecto desconocido.
No podía evitar que mi corazón saltara cada vez que veía sus ojos –por suerte hoy tapados por unos lentes- y me daba la molesta impresión que hasta las personas de un kilómetro a la redonda me podían escuchar.
-¿No tienes colegio?.-Preguntó alzando una ceja y torciendo el gesto.
Solté un gemido. El maldito colegio.
-¿Y tu no tienes universidad?.-Contraataque haciendo lo mismo que él.
Chris soltó una risa, divertida e irónica, pero aún así parecía triste o molesto. Sentía que era un libro que estaba escondido bajo llave en lo más profundo del océano.
-Tuche.- Bromeó soltando las manos y sentándose en la barandilla de cemento.-¿Y bien? ¿Qué fue lo que te hizo cambiar de opinión de no hablarme y ser una persona justa?-Exigió.
Solté un bufido y lo tomé de la muñeca para arrastrarlo a algún otro lugar.
-No tengo porque darte explicaciones. Pensé que te alegrarías o algo así.- Repliqué perdiendo ligeramente la paciencia. No creía que él fuese la persona que debiera saber todas mis acciones y movimientos.
-Bien. Pero es hacía el otro lado. Por haya está mi auto.-Dijo casi con dulzura.
Paré en seco. No sabía si ahora mismo estaba muerta de vergüenza o solo era que me estaba dando calor; lo dudaba.
Lo solté aflojando su estrujada muñeca y pasé mi bolso hacía atrás conservando la pisca de orgullo que me quedaba. Mi corazón había vuelto a caer en el descontrol total , como si cada latido que golpeaba mi pecho fuese un grito desesperado.
-¿No nos vamos a quedar acá?- Dije con voz apenas audible mirándolo a los ojos más nerviosa de lo que jamás había estado.
-Claro que no; no me agrada ser tan…público. No sé si me entiendes.
No, no lo entendía pero fingí que si lo hacía.
Inspiré profundo y lo seguí con paso tranquilo, como si fuese algo súper natural subirme al auto de un extraño sin saber donde íbamos con exactitud-y no era que lo fuese-.
Ahora parecía despreocupado, tarareando las canciones que sonaban en la antigua radio. Sin embargo; no parecía disfrutarlo en absoluto.
El viaje no estaba siendo algo exactamente divertido. Pasamos la mayor parte del tiempo hablando de la música en la radio; de el paisaje y de animales (curiosamente le gustaban los perros), conversaciones tan simples que las podría haber tenido con alguien al cruzar la calle. Ahora el fabuloso acto de rebeldía no era más que un día de campo.
De la contaminada cuidad pasamos a una antigua carretera, al parecer sin usarse hace ya demasiados años, decenas de años. A sus orillas se anidaban pequeños helechos s que se perdían en una inmensidad llena de troncos alzándose hasta casi tocar el cielo.
Aún dentro de el auto pude sentir frío, al ver mecer los pinos de un lado a otro con fuerza. El cielo ya no era de un celeste, ahora era gris con abundantes nubes y el sol simplemente era ya invisible.
-¿Dónde vamos?-Pregunté por enésima vez.
Él por su parte, tenía el codo apoyado en el marco de la ventanilla y manejaba con el brazo libre. Y de nuevo, parecía no escucharme en absoluto.
-¿Querías alejarte de tu mundo, no?-Musitó después de un largo silencio. No más música; solo una vacía estática.
Lo miré; su rostro aburrido y que había perdido todo ánimo y entusiasmo.
-¿Eres bipolar?-Solté sin pensarlo mientras jugueteaba con el llavero que colgaba de mi bolso.
Sentí su fría mirada sobre mi cuerpo y se la devolví. Pensé que diría algo como “bájate del auto ahora” pero súbitamente comenzó a reír, no una risa estridente, solo una baja pero audible risita.
-¡Vez, ahí está!.-Exclamé riendo también.-Hace solo unos instantes estabas serio.
-Claro que no.- Respondió aún sonriendo y riendo en voz baja de un chiste que desconocía.
Dibujó una media sonrisa en su rostro y enarcó una ceja para luego decir:
-¿Y tú? ¿Eres tan feliz como aparentas o vives en tu mentira?.- La frialdad de sus palabras me abrumaron por unos segundos.
Bajé la vista, pero le respondí tomándolo por el pelo.
-Solo soy una bailarina rusa que cruzó el mar a este hermoso país para trabajar en un cabaret y servir tragos todas las noches a apuestos marineros que acaban de llegar de la guerra.-Bromeé, pero por lo que yo pensé que se enojaría, solo se siguió riendo en voz baja, como si no le gustar la idea de que yo lo averiguara.
-Entonces yo soy el payaso de circo más buscado del país por robar algodón de azúcar a la mujer barbuda.-Siguió jugando y luego me miró.- Ahora es enserio.
Esconder una verdad al parecer era más difícil de lo que parecía, así que si él quería abrumarse de los problemas adolecentes. Bien por él.
-A ratos.-Dije lentamente mirando hacía los árboles que se volvían manchones verdes frente a mis ojos.-No es fácil ser la hija de mi padre; todos esperan cosas que creo que jamás cumpliré. Simplemente… no quiero nada de esto, no lo pedí y esta vida va a acabar matándome al fin y al cabo. ¿Y tu, eres feliz?
-Define felicidad.
Ladeé la cabeza y lo miré con fastidio.
-Puede ser. Soy más feliz de lo que era antes o algo así, no me interesa de cualquier manera…
-¿Entonces te hace feliz no saber donde estás parado y amanecer con una distinta cada día?-Interrumpí algo cortante. Tenía la ligera impresión que no era alguien con que se pudiera hablar tranquilamente o simplemente entablar una conversación sencilla.
-Si es que lo miras de ese punto, entonces si. Afortunadamente no me agobia la alta sociedad y no tengo un padre que me presiona constantemente.
Bingo. No podía hablar tranquilamente con él. Descomunalmente, teníamos el mismo carácter (aunque no me apeteciese decirlo) y sería una infinita lucha por-quién-tiene-la-razón. Al final, ninguno ganaría.
Apostaría a que pensaba en un partido de futbol o que haría en la noche, ignorándome por completo.
Mi boca, de nuevo se movió antes que mi cerebro.
-¡Oh por…!-Intenté exclamar, pero él me interrumpió en mitad de la frase.
-Pero si ese fuese mi caso, haría lo siguiente. No te diré “sigue a tu corazón” o alguna estupidez de esa clase.-Musitó sinceramente, manteniendo la vista en el camino.- Solo haz lo que crees correcto, según tu criterio. ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo solo por qué querías?.-Obviamente era una pregunta pero él no esperaba una respuesta.- Si quieres lanzarte por una colina en patines; bien hazlo. Sí quieres emborracharte y bailar sobre la barra del bar, ¿Qué esperas? Si no lo haces ahora, no lo harás jamás. Créeme. Y por favor no me veas cara de doctora corazón; soy malo para estas cosas.
Increíblemente había sido el mejor consejo que había recibido en el día y venía de la persona más inesperada. No parecía enfadado ni molesto por intentar ayudarme, de echo, aunque él no lo quisiese admitir, en sus ojos distinguía una fina línea de satisfacción. Al menos alguien más era feliz.
-Realmente eres bueno dando consejos.-Murmuré despegando mis contraídos labios. Aunque no lo quise así, mi vos sonó torpe y desdeñosa.
-Me alegro que alguien valore mi opinión.- Continuó sorprendido por mi respuesta. Lo sabía por la expresión en su rostro; me estaba volviendo experta en esto.- Al menos no soy solo un arrogante que aprovecha de acostarse con cualquier mujer.
-Cosa que se mueva.-Corregí.
-Como sea.
Torcí el gesto y elevé las cejas.
-Nop; aún lo creo así.
-Entonces soy un arrogante pero con opinión. Creo que he sumado un punto.-Replicó con ironía.
El bosque ahora estaba fundido en una neblina, perdiéndose frente a un color mortecino gris. Al final ( al parecer era el final del bosque) se veía un caminito de tierra con plantas alrededor. Un poco más adelante había una especie de techo blanco con banquitas bajo este y más de eso me era imposible ver. Solo había neblina; un gran vacío blanco a nuestro alrededor.
-¿Dónde estamos?
No pareció interesarle la pregunta o la ignoró ya que sonrió amablemente y sus ojos adoptaron un tono misterioso pero divertido.
-¿Recuerdas que querías alejarte? Resulta que conozco un lugar en medio de la nada que podría agradarte.




7 comentarios:

  1. Que bien!! tanto tiempo, me alegra poder leer este cap. :)
    me e-n-c-a-n-t-ó. De cierta manera es... romántico. Un capítulo muy bueno.
    Espero que puedas escribir el próximo pronto.
    Que estes bien

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  2. Wuju! Qué bien que publicaste :D Amé el capítulo aunque Chris no me convence del todo... Espero que puedas publicas pronto ;) Suereteee

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  3. Guaaaaaah Cami sorry! Lo siento de verdad, por no haber comentado! pero juro que si lo había leido..pero ya sabes lo típico "luego comento" y se me olvidó completamente T.T
    Sorry sorry sorry xD

    Mmm Chris no parece mal chico (en este capítulo xD) peeero no me acabo de fiar..yo prefiero a Will(LL) jaja;)

    Publica prnto plis^^
    Besoos!

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  4. siii nuevo capi!! ayer lo lei y me parecio excelente. no te pude dejar un coment porque lo estaba leyendo por el telefono y no se porque no podia meterme para ponerte un coment pero ya aqui estoy.

    adoro la actitud ruda de chris, es que se nota que dejas bien en claro que es un chico malo pero nunca habia visto que tratara tan mal a la protagonista y en cierta forma no la ptrata tan mal, solo es asi como actua el aunque sin lastimarla. bueno eso solo pudo entenderse en mi mente pero bueh..
    tambien me gusto como unes la vida cotidiana de ell, con las cosas que esta sintiendo por crhis. es que hay veces que la novela solo se trata de amor, amor, amor, amor todo perfecto, todo esta bien, todo es color de rosa, pero esa no es la vida real y me alegra que lo puedas dejar claro en tu historia.
    nos leemos cami, chau te quiero amiga.

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  5. GENIAL!!!!!valio la pena esperar xk fue estupendo, muy romanticoooo
    chris no me acaba de dar buena espina; coincido con el comentario anterior k jamas habia visto k trataran tan mal a la protagonista pobrecita.
    maravilloso capitulo!! esperemos k el siguiente sea tan o mas bueno k este, me encanta como escribes!!
    un saludo!!

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  6. Woooow esta increible! me ha gustado mucho!
    espero el proximo! me encananta el presonaje de cris!

    Feliiz semana!

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  7. Hermoso... Me encanta y esta buenisimo... Chris me hace poner los nervios de punta... y querer saber que es lo que quiere finalmente...

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Comentarios? que bueno :D no omitas tus comentarios, ya sean buenos o criticas :) mientras no ofendas, claro esta

Si copias, te pego :(