domingo, 3 de abril de 2011

Capítulo 5: La bebida revela la verdad. Parte 2.


-¡Puedes dejar de moverte!-Exclamé completamente enfurecida a Will, que se movía de un lado a otro, poniéndome aún más tensa de lo recomendado.-Me estás poniendo tensa.
Me miró fulminante y con el rostro endurecido.
-¡Si quieres tranquilidad, camina dos pasos y muévete de asiento!-Respondió súbitamente y con brusquedad.
Fruncí el ceño. La tensión nos estaba matando a todos, algunos soltaban suspiros a ratos, otros se balanceaban como pacientes psiquiátricos con las manos en la boca mordiéndose las uñas y algunos simplemente nos poníamos de mal humor.
-¡Oh maldita m...!-Soltó de repente Will, sobresaltándome por completo, perdiéndo la mirada en la ventanilla a nuestras espaldas.
No miré. Entrelacé los dedos mientras mi estómago recibía una dura patada de un ser invisible que era muy fuerte, al mismo tiempo que un fuerte nudo se formaba en mi garganta.
Intercambié una larga mirada con Will.
Era ahora o nunca.
Honestamente, no me sentía preparada pero era muy probable que jamás lo estubiese. Me levanté, limpiando mis sudadas manos y mirándo mi extraño entorno, llena de niñas llorando, tomándo sus bolsos y largándose decepcionadas, ¿estaría yo también así después de...?
Creo que solo hay una manera de averiguarlo.
Me abrí paso entre la multitud con el corazón latiendo violentamente en la garganta a cada paso que daba cerca de la lista.
Un nombre que me era desconocido.
Otro que resulto igual que el primero.
Un grito de total alegría,más parecido a un chillido, emergió de mi garganta. No podía creer que era lo que estaba frente a mis ojos... pero estaba allí, materializado como en mis mejores sueños.
A tientas de este salvaje sentimiento que me llevaba, agarré a Will de improviso y lo estreché como jamás lo había hecho. Él me agarró con fiereza de la cintura y me elevó por sobre el piso en sus fuertes brazos.
Ahogué un chillido infantil a riesgo de sonar loca. Muchos ojos alrededor eran malvados, furiosos, celosos y un puñado de emociones malas.
No me importo en absoluto.
Will aflojó el abrazo y me aterrizó en el suelo. Su sonrisa seguía despampanante como un autentico modelo de pasta de dientes.
-¿Quieres ir a festejar?
Enarqué una ceja y lo tomé cariñosamente de la mano.
-Pensé que no lo dirías jamás.
***
No tenía idea cuanto tiempo tardaría en aceptarlo. Era muy difícil asumirlo como tal.
Miré al ingenuo de Will alumbrada por la luz verdosa provocada por el anochecer. Era aviso que el invierno ya se avecinaba.
Primero sería unas nubes grisáceas atiborrando los cielos y luego la neblina apareciendo por la ventana cada mañana. Adiós verano, hola frío y nieve.
Mi curioso acompañante había estado así toda la tarde. No había sacado la sonrisa de su cara, aún cuando nos pasaron los nuevos horarios y le avicé que entrenaríamos 3 veces más. Parecía no importarle.
Engullí la barrita de cereal que tenía en mi mano, algo tibia por los apretones dados. La perspectiva de bajar me emocionaba, y me asustaba que la causa no era la genial música y el agradable entorno.Si no quería engañarme, debía admitir que deseaba acudir allá para ver a Christian, lo cuál era una soberana tontería.
-Hey, Ell.-Murmuró Will con los ojos pegados al volante.
Su sonrisa ahora solo era un esbozo serio.
-¿Si?-Respondí de manera de pregunta. Miré su extrañado rostro y a juzgar por lo que veía, no iba a decir algo agradable.
-Creo que... no sé... no deberías salir con Chris.-Dijo inseguro mordiendose las uñas esperando mi defensivo ataque.
-No es algo que te incumba; pero es un buen tipo.-Refunfuñé bruscamente, mirándo el poco agraciado paisaje esquivando su mirada.
-Él solo juega contigo...
-¿Como estas tas seguro?-Lo interrumpí subitamente.
Soltó un suspiro y continuó hablando.
-Porque lo conosco desde hace varios años. Y el no es "un buen tipo" en nada. Lo sé porque... he jugado los mismo juegos que él.
No tuve ni idea a que se refería con jugar, pero tampoco pretendía entenderlo.
-¿Ahora soy acaso un juego de poker o ajederez?.-Pregunté con ironía, riéndo de mala gana.
-Bien, no me hagas caso.-Protestó cortante y molesto.
No tuve objeción. No le iba a discutir porque simplemente era un día demaciado bueno como para arruinarlo peleando.
Las calles se tornaron oscuras y sucias; señal de que estabamos llegando.
Abrí con mi menuda fuerza la pesada puerta y me acerqué casi trotando a Will.
El ya tenía 18, así que legalmente podía invitarme un trago.
-William, ¿sabes que es de buena educación invitar un trago a la persona que te acompaña?
Ladeó la cabeza y enarcó una ceja, más sorprendido que nada mas. Parecía que hubiese algo dicho que él jamás hubiese escuchado.
-No sabía que bebías. Pero te invitaré por educación.
La barra del bar era similar a todo el lugar. Nada elegante ni menos sofisticado; solo un pedazo de metal con portavasos sucios y butacas de madera en frente.
-¿Cosmo, Vodkatonic...?-Me preguntó mirando al cantinero.
Le sonreí con malicia y abrí mi boca.
-Cerveza.
-Ellen que bebe cerveza. Ellen la bailarina que bebe cerveza.- Repitió anonadado, pero aún así tomó la lata y me la puso frente a mis narices.
No pude evitar escudriñarla con la mirada.
Era desagradable, muy desagradable. No era como tomar un dulce y fino licor que pasaba por tu paladar y garganta era más... agrio y fuerte, que me quemaba al pasar por mi garganta. Pero me había propuesto no vomitar y devolver mi ultima comida.
Hablamos 15 minutos, de cosas sin relevancia, conmigo tomando la cerveza a cortos sorbos al reusarme de tomarmela tan rápido como él o hacía.
Pero nuestra fiesta al rato se vio acabada.
Algo se apoyó en mi hombro y se sentó a mi lado. Me giré a mirar quién era el que me tocaba con confianza y no evite quedarme sin respiración.
Sabía que no me entusiasmaba tener una relación con aquel hombre, pero aún así su presencia me alteraba.
Era Chris.
Will lo miró casi con odio, o un sentimiento difícil de entender; pero que claramente no era bueno. No quizo saludar a Chris, pero este lo saludo con un alzado de barbilla.
-Ya no te hago falta no notoriamente. Nos vemos después.
Usualmente le habría dicho " no te vayas, quedate" pero sabía que eso sería mentir de manera colosal.
No quería quedarme a solas con Chris, pero tampoco quería a Will presente. En conclusión: no sabía que era lo que quería.
Chris no me había mirado ni saludado, solo había tomado la cerveza (que era mía) y se la había llevado a los labios, tragando todo lo que le era posible.
-¿Te sientes bien?-Pregunté cerca de su oído.
Rió como usualmente lo hacía, de manera baja, seca pero audible. Solo que esta vez si estaba feliz.
-No. Estoy borracho.-Dijo lentamente. No sonaba como imaginé que sonaba un borracho; con voz monótona y palabras raras. Más bien sonaba como si le hubiesen contado un chiste muy bueno y todavía le estuviese causando gracia.-¿Y tu, porque estás acá? ¿No es sábado cierto?
-Nop. Es viernes; celebro porque entré a la academia.
Se volvió y sonrió aún más.
Me sentía extraña, quizás por el hecho de que jamás lo había visto sonreír y verlo tan eufórico no dejaba de ser... extraño.
Puso su pesada mano sobre mi hombro y me ofreció una cerveza.
-En ese caso... brindo por tu brillante actuación, que quedaste en lo que seas que hayas quedado. Brindo por toda la mierda de este mundo que ahora parece hermosa.
Esbozó una sonrisa, alzó la botella de vidrio y la llevó a su boca tomando un gran trago.
Fue un brindis totalmente inusual; demasiado inusual. Pero seguí bebiendo hasta que se me acabo el liquido de la botella. Al terminar, tuve la sensación de bilis recorriendo mi garganta y la instantánea sensación de querer vomitar todo, pero con valentía lo trague y aguante.
-¿Se te acabo? -Preguntó con obviedad. Y luego se volvió donde el cantinero.- Otra cerveza para ella, porfavor.
Otra cerveza...no creo que hiciera mal.
***
No supe en que momento pasó todo. Cuando las luces se volvieron mágicas y los cuerpos rápidos y graciosos.
La risa salía de nuestros labios a borbotones. Su rostro era ahora más hermoso que antes y él parecía tener ojos solo para mi.
Relatava una de sus anectodas, con los labios en una sonrisa permanente, pero no estaba pendiente de lo que decía solo sus labios se movían y movían y seguían moviendo.
Nunca había sido tan feliz como ahora. Él misterioso chico desconocido ahora daba la impresión de que era un amigo muy íntimo que nos conocíamos desde hace años.
De pronto, interrumpió su relato y se incorporó, sonriente y radiante. Sin pensarlo una segunda vez lo seguí y me encontré parada frente a 3 hombres más.
Se veían tan... raros. De todos los colores brillando en su piel, y tuve el impulso de tocarles los rostros.
-Chris.-Se dirigió un hombre alto, saludándo a Chris obviamente.
Chris me tomó por el hombro y me atrajo a su fuerte cuerpo, estrechandome con fuerza.
-Tenemos un partido de poker ahora, ¿recuerdas?
Las luces ahora eran más graciosas todavía. Eran figuras más abstractas que antes.
-Oh verdad. Eso.-Dijo sonriéndo de oreja a oreja, tomándome más cerca de él.
Intercambiamos una mirada como dos niños que acaban de hacer una travesura y largamos a reír nuevamente.
Él me presentó y comencé a saludar alegremente a todos, con mucha efusividad.
-Pero antes de irme quiero hacer algo más.- Replicó Chris, tornando ansiosas las miradas de los hombres.
Inesperadamente, se volvió hacía mí, me tomó de la cintura con fuerza y me atrajó a él para tocar mis labios. Su boca era dulce y amarga al mismo tiempo, sus labios lentos sobre los míos y sus brazos fuertes sobre mi menuda cintura.
Aún bajo la influencia del alcohol, pude sentir mariposas escarbando en mi estómago haciendo el momento interminable.
El ambiente era caluroso pero nada comparado como el calor que emanaba su cuerpo y el dulce aromo de su cuello.
Aflojamos el duradero abrazo que me tenía completamente mareada, y luego, tras una pausa se apresuro a preguntar a mi oído.
-¿Nos quieres acompañar?
Yo estaba consciente de que me encontraba algo lúcida, o lo suficiente como para entender lo que decía. Pero otra parte de mi indagaba en lo irracional, y quería que fuese irracional.
Abrí mi boca para dejar escapar un "si" pero inusualmente escuché un "no" que no era siquiera mío.
Me volteé perdiendo momentaneamente el equilibrio y ví un rostro distorsionado por las luces. Por mucho que forzara mi vista no podía ver... era como si todo se moviera al rededor mío, y si no fuera porque tenía un excepcional equilibrio (gracias, ballet) ya me habría desplomado.
-¿te conosco?.-Pregunté con una sonrisa en la cara y hablando algo soñolienta.
-Claro que sí. Y es hora de irnos.- Repuso cortante el irreconocible hombre.
-No, no quiero.-Protesté casi como una niña pequeña, riéndo un poco y tomándome del hombro de Chris, quien me tomo por la cintura completamente normal.
No parecía tan feliz, más bien era... serio o enojado.
-Dejala quedarse; ella no se quiere ir-Interrumpió Chris con timbre amenazante.
-Si yo...-Continué, pero al instante me hicieron callar.
-No, ella no va a ninguna parte contigo.-Dijo el-hombre-desconocido tomándome por la muñeca y llevándome brucamente a su lado.
Quizás la fuerza de el movimiento fue la causante, solo supe que en un momento a otro, todo se volvió demaciado borroso y rápido, lo suficiente como para que perdiera la conciencia.
***
El aire era refrescante. Me sentía fresca. Estaba consciente de que dormía pero simplemente me refusaba a abrir los ojos. Quería quedarme en esta dulce realidad.
Mi cabeza era un verdadero tambor en donde habían tocado música toda la noche sin parar.
-¿No se te ocurrió llevarla a un lugar peor?.-Siseó una voz en algún lugar, pero que reconocí fácilmente . Parecía seriamente molesta.
Eso explicaba todo. El olor de esa almohada no era mío, ni el pijama que vestía ahora; esta no era mi casa.
-¿Que querías que hiciera? se tomó mas de 6 cervezas. Yo no sabía que ella no tenía ni idea de como beber.-Replicó con enojo otra voz, intentando inútilmente susurrar cuando realmente eran unos gritones.
-¡Claro que no sabe beber cervezas! ¿no le ofreciste algo más... fino?
Sabía que Antoniett y Will se odiaban. Ella creía que él era un vagabundo homosexual y él creía que ella era una estirada consumista. Tenerlos a ellos 2 en la misma habitación por más de 15 minutos era un mérito de los grandes.
-¡Oh, lamento no tener tanta plata para no beber Champaña de Oro todas las noches!- Exclamó Will ofendido.
-Cerdo.-Exclamó Antoniett más ofendida.
-Estirada...
-¡CERDO!
-¡ PODRIAN CALLARSE!-Mascullé en un grito, colocándome una almohada en mi cabeza para no escucharlos.
Silencio.
No se lo esperaban, era obvio. Pero si seguían hablando tan fuerte les pegaría tan fuerte que no podrían recordar su nombre.
-Ell...-Susurró Antoniett sentándose a mi lado, sacudiéndo mi brazo.
Gruñí. No me levantaría jamás.
-Encerio Ell-Continuó ella, y tuve demaciado claro que no terminaría de molestar hasta que me levantara.
Como dolía.
Quería golpearlos a ambos por despertarme.
De mala gana, me volteé y me quité la suave almohada de plumas de la cara quedando cegada por la tenue luz del sol mortecino de invierno, que entraba por la cortina de seda. ¿No conocían que era una cortina gruesa?
Estaba en la habitación de Antoniett y no sabía como había llegado ahí todavía.
Entrecerré los ojos aún adolorida, y vi el borroso rostro de Will que parecía bastante enojado.
-¿Will?-Pregunté llevándome la mano a la cabeza y dejándome caer sobre la cama nuevamente.
-¿A quién más esperabas?-Por su tono de voz, estaba claro que pensaba en un nombre, pero no me iba a decir en quién pensaba. Aunque era demasiado obvio.
-¿Qué?-Pregunté confundida sin entenderlo aún.
-Ya no importa.
Solté un gemido al sentir mi cabeza como un tambor nuevamente.
-No te preocupes, traje todos los remedios para la resaca conocidos por el hombre-Continuó mostrándome una abultada bolsa.
Miré confusa a Antoniett y ella me la devolvió con una mirada de ira o quizás decepción. No me interesó demasiado, solo pensaba que mi cabeza me dolía como nunca.
-Cariño, es sábado. La entrevista-Susurró ella con voz dulce, casi maternal.
Fue un golpe bajo.
Ignoré por unos segundos que me encontraba en un pijama de verano frente a Will y me levanté casi de un saltó, haciendo caso omiso a mi dolor de cabeza. Tenía que llegar.

***
El tiempo corría como nunca. Todos en la pequeña sala estaban vestidos para la ocación y yo no había encontrado nada mejor que ponerme unos jeans con una camisa muy simple que encerio me avergonzaba.
Un cosquilleó recorrió mi estómago. No era de miedo ni nervio, era más bien uno de exitación por lo que estaba a punto de hacer.
Un hombre salió. No fue necesario que dijeran mi nombre.
Me levanté y caminé decidida con una maliciosa sonrisa esbozada en el rostro, pero sabía que era totalmente irracional. Por primera vez en mucho tiempo yo era la que decidía cual sería mi futuro; que sería en mi vida.
Ahora yo jugaba con mi propio destino.
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Siento demaciado la demora, encerio que si :( es culpa de mis profes que no me dejan tranquila nunca, después de cada trabajo viene uno mas dificil :( y mi vida de computador se a hecho casi nula D: pero saben que cuando tengo un segundito me paso por sus blogs, no las tengo olvidadas :D
Beeesos y mil disculpas :(
Cami (:




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